El restaurante histórico en el que Lola Torres se cruzó con Ernest Hemingway

El premio de gastronomía se va este año a Madrid, a Casa Botín, el establecimiento más antiguo del mundo


o grove / la voz

En Casa Botín sonó un día el teléfono. Era la Fundación Guinness de los Récords para comunicar a los propietarios de este local, abierto desde 1725, que el suyo era el restaurante más antiguo del mundo. Ayer, en el local situado en el Madrid de los Austrias, volvió a sonar el teléfono. Esta vez, la llamada llegaba desde O Grove, donde el jurado del premio de gastronomía tradicional Lola Torres acababa de decidir concederles este galardón de proyección nacional, que le será entregado en abril en el Centro Superior de Hostelería . «Estamos encantados; nuestra casa siempre ha estado muy ligada a Galicia», dice Antonio González, el gerente de este negocio. Para muestra, un botón: buena parte de los trabajadores de este establecimiento de hostelería tienen sus orígenes en nuestra tierra.

Quien nos habla es la tercera generación de la familia González-Martín, que en los años treinta del siglo pasado cogió las riendas de un negocio que ya se sabía antiguo, pero «en el que nuestros abuelos primero y nuestros padres después, tuvieron que trabajar muy duro para poder sacarlo adelante». Lograron hacerlo. Por un lado, porque nunca han perdido de vista que «lo más importante es dar de comer a la gente» y conseguir satisfacerla. «Para nosotros, este negocio es casi como un ser vivo; casi dependemos anímicamente de que la gente se vaya contenta de aquí», explican. Parece que lo logran casi siempre, y eso que «no somos infalibles». Una de las claves de su éxito es el «cuidado casi neurótico que ponemos en la elección del producto; nosotros hacemos una cocina tradicional, no de autor, y la materia prima es crucial».

Ese rigor culinario, sumado a «algunos golpes de suerte», han hecho que Casa Botín se haya convertido en un referente obligado de la gastronomía madrileña. «Un golpe de suerte ha sido lo del Guinness, por ejemplo, que nos ha dado mucha visibilidad», explica el gerente. Tanta, que son muchos los comensales que llegan hasta aquí buscando el sabor de la historia y salen enamorados de la tradición del viejo horno alimentado con leña de encina, del cochinillo, del cordero asado, de la merluza del pincho...

Con alguno de esos platos consiguieron los abuelos y los padres de los actuales propietarios seducir a Ernest Hemingway, que frecuentó el local. Tanto le gustó, que le reservó espacio en las páginas de dos de sus novelas, Muerte en la tarde y Fiesta. «Mucha gente ha llegado hasta aquí buscando el lugar en el que se había inspirado Hemingway».

 

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