¿Peligran las comisiones de fiestas?

A Torre no celebra su San Miguel; en Vilaxoán admiten que cada vez es más difícil


vilagarcía / la voz

«Desde que yo tengo uso de razón, creo que solo dos o tres años dejaron de celebrarse». Quien así habla es Eduardo Abad, nativo de A Torre, donde este fin de semana no se han celebrado las fiestas de San Miguel. Sí hay misas y procesión, por el empeño puesto, entre otras personas, por Tino, el padre de Eduardo, que se resiste a que la tradición caiga en el olvido, pero aquellas verbenas que abarrotaban la plaza de A Torre han pasado a mejor vida, al menos en este 2019.

En Vilaxoán sí están este fin de semana en plena celebración del Rosario. Allí la comisión, formada por seis mujeres, tiene trabajo doble porque también se encargan de las fiestas del Carmen. Dolores Couso es una de sus integrantes y reconoce que cada vez es más complicado conseguir el dinero necesario para poder organizar dos o tres días de fiestas. Ellas, a falta de lo que puedan recaudar en el bochinche durante estos tres días y con los beneficios de una venta de rifa de última hora, confían en que puedan hacer cuadrar las cuentas.

«Cada vez isto da máis traballo. Hai que petar a moitas portas», afirma Dolores. El puerta a puerta es una de las principales fuentes de ingresos para unas comisiones que se las ven y se las desean y, cuyos miembros, reciben en numerosas ocasiones más desprecios que agradecimientos por una labor ingrata. «Muchos no dan nada. Pero aún es peor los que cuando llamas a su puerta, y aunque estén en casa, ni siquiera te abren la puerta», recordaba hace unas semanas una integrante de la comisión del San Xoán de O Piñeiriño, que intenta desde hace tres años revitalizar la sardiñada del populoso barrio vilagarciano. En Carril, los integrantes de la de San Fidel anunciaron a través de las redes sociales, tan pronto como los altavoces se apagaron, que lo dejaban.

Eduardo Abad apunta una de las claves que ayudan a explicar este gota a gota que amenaza con apagar los sonidos de las orquestas. Los miembros de las comisiones de fiestas son personas que llevan toda la vida metidas en ese berenjenal y que no han podido salir de ahí porque el relevo no ha llegado. A partir de ahí, la edad pasa factura y los nuevos hábitos de los jóvenes hacen el resto. «Son máis de festivais», concluye Dolores Couso.

Lo cierto es que el nivel de dinero que mueven este tipo de eventos es mucho mayor de lo que se podría creer. Las cuentas de Eduardo Abad son claras: «¿Cuantas fiestas puede haber en las parroquias y los barrios de Vilagarcía? ¿Catorce o quince? Pues a una media de treinta o cuarenta mil euros eso implica alrededor de medio millón de euros que es lo que se mueve cada verano. Es una auténtica animalada y proviene en su mayor parte de los propios vecinos y del pequeño y mediano empresario, que son los que aportan las ayudas», dice.

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