«Te das cuenta de que en Nueva York todo te resulta superfamiliar»

Jéssica Bouzas exprimió sus tres horas de turista en la Gran Manzana tras haber hecho lo propio en la pista y las gradas del US Open


Pocos días restan ya para su decimoséptimo cumpleaños. El 24 tocará la celebración. Jéssica Bouzas Maneiro no ha podido esperar sin embargo tanto a disfrutar del mayor regalo que podía haber soñado en este 2019. Y desde luego nadie, mucho menos su gente, la que la ha arropado desde el primer día que decidió que de mayor quería ser tenista, asumiendo los caros peajes que ello conlleva, se lo va a reprochar. El primer día de mes la alumna vilagarciana de la Academia Tenis Ferrer firmaba la que ha sido, es y será siempre su primera victoria en un torneo del Grand Slam. Derrotando en la primera ronda del cuadro individual principal del U.S. Open Júnior a la estadounidense Natasha Subhash, 6-3/6-2. Era el arranque de una historia para contar a los nietos, prologada por la clasificación a pulso con su sucesión de triunfos en junio y julio en el circuito mundial, y su desembarco en Nueva York el 28 de agosto. Una historia de momentos únicos en las pistas y las gradas del USTA Billie Jean King National Tennis Center de Flushing Meadows, y que tuvo su epílogo palpitando en el mismo corazón del planeta. Times Square.

Hablamos por teléfono con Jéssica Bouzas, que esta semana participa en el Torneo W15 Ceuta, del ITF Tennis World Tennis Tour Profesional, en el que busca sus primeros puntos WTA. Y nos traslada con sus palabras el recuerdo de una niña con caros zapatos nuevos, y la educación para saber disfrutarlos valorando lo mucho que, a ella y a los suyos, les ha costado poder tenerlos.

«Acabé súper contenta. Estuve muy cómoda en pista», declara Bouzas de la parte deportiva de su experiencia: «El primer partido pude afrontarlo bien, sin mucha dificultad. El segundo -ante la también estadounidense Katrina Scott, con victoria de esta 6-4/1-6/6-3- fue reñido; la chica era muy consistente, aunque creo que le pude haber ganado. Igual que el partido de dobles -cayó 7-6(3)/6-4 junto a la maltesa Helene Pellicano con la gala Jacquemot y la rusa Schnaider-».

A nivel organizativo, «se notaba que era un Grand Slam». Con tan solo poner un pie en las instalaciones de Flushing Meadows, con «la seguridad acompañándonos a los jugadores a todos lados», señala Bouzas, y en general «mucho personal, cercano y profesional en el trato con nosotros».

Avanzando en la película, y yéndonos al final, encontramos el momento en el que la voz de Jéssica alcanza ese punto de inflexión que derriba cualquier camuflaje emocional. Ese momento de felicidad plena que la vilagarciana exprimió en sus tres contadas horas de turista en la Gran Manzana en su última jornada en Nueva York, el pasado viernes. Finalizada la participación en el torneo de Pablo Llamas, el otro deportista de la Academia Tenis Ferrer en el U.S. Open Júnior, Bouzas se fue con él «para ver Nueva York». Bueno, más bien a echarle un ojo. «Básicamente estuvimos en Times Square», dice la tenista.

En la intersección de calles y rascacielos más popular del mundo «entramos en las grandes tiendas, de Disney, de M&Ms...», recuerda Jéssica. «Una de mis series favoritas es Gossip Girl. ¡Y estaba súper emocionada porque estaba en los lugares de rodaje de la serie! Mis amigas me pedían que me sacara fotos en todos ellos», cuenta, para sentenciar: «Te das cuenta de que todo -en Nueva York- te resulta súper familiar, porque ya lo has visto por las películas».

Firmar autógrafos, ver en vivo a varios grandes del tenis, y salir en las TVs de todo el mundo

Del final, volvemos al corazón de la historia del estreno de Jéssica en el Grand Slam. Al que vivió en las instalaciones del USTA Billie Jean King National Tennis Center de Flushing Meadows. Con tres días de competición en los que recibió el trato de una estrella más. «Entre las cosas con las que me quedo es con el público, como te trata», afirma Jéssica: «Los niños, como me veían con la seguridad del torneo, venían a pedirme que les firmara autógrafos en las pelotas de tenis, y que me hiciera fotos con ellos». Y aunque lo de tirar de bolígrafo para estampar su rúbrica a petición popular «alguna vez me había pasado ya, nunca había sido tanto», apunta.

Lo hace con un tono neutro, el de quien sabe que habla de una parte de su, confía, futura profesión. El mismo tono que emplea al recordar poder ver en vivo en las gradas neoyorquinas partidos de varios de los grandes del circuito profesional, como Serena Williams o el ruso Medvedev, ese chaval de 23 años que a punto estuvo de darle el domingo un disgusto a Rafa Nadal, y al menos toda España.

Pero si de algo no se olvidará Jéssica de su debut en el U.S. Open, es del momento en el que la televisión del torneo la enfocó en pantalla gigante cuando estaba presenciando el partido de Pablo Andújar con el francés Monfils en el palco reservado a los invitados del español, al que accedió con una entrada que le había pasado otra tenista que jugaba en ese momento: «Un montón de gente desde España me wasapeó diciéndome ‘¡Estás saliendo en la T.V.!’». Y al otro lado del teléfono se intuye el rostro todavía ruborizado por los colores de la juventud.

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