De cuando tomar un baño en A Compostela valía 0,25 pesetas

El balneario de A Concha, «uno de los mejores de España», tenía una gran oferta de servicios hace 130 años


vilagarcía / la voz

El balneario Concha de Arousa fue inaugurado en 1888 pero se puede decir que su puesta de largo llegó hace nada menos que 130 veranos. Era un edificio espectacular para aquellos tiempos, con sesenta habitaciones -amuebladas con todo lo mejor para le época- y un salón de bailes de 189 metros cuadrados.

Los propietarios de la instalación, con una lógica que nunca debería haberse perdido, comprendieron que la mejor forma para promocionar su incipiente negocio era anunciarlo en los medios de comunicación y uno de esos textos fue recuperado recientemente por la página web de hemeroteca antiga de Vilagarcía.

El texto no tiene desperdicio. Glosa un establecimiento que es «de los mejores de España» y que reunía «además de las comodidades propias de su clase, departamentos destinados para distracción y recreo y varios para hospedaje».

La parte más interesante, sin embargo, es la de la tarifa de precios que regían en el balneario. Sabemos, gracias a ella, que «un baño en la playa» valía 0,25 pesetas en 1889, que subía a 0,50 pesetas si el usuario precisaba de ropa. Había, además, un apartado de aclaraciones, destinado a los rapaces: «Si un adulto acompaña a un niño, no tomando aquel baño y si este, por abono de 15 baños, 3 pesetas. Con dos niños, 4 pesetas». Pero ojo, que cada chaval que se excediera de esos quince, debía pagar diez céntimos por cada uno.

Conviene también resaltar que el baño de agua dulce en pila era mucho más caro y se ponía en 1,25 pesetas. Nada comparable, por otro lado, a la oferta de «baños compuestos» donde ya se pasaba a hablar de palabras mayores. Tenían los bañistas de aquella época el «aromático de placer», por 2,50 pesetas, precio que también era el que se ofrecía con almidón. Ya metidos en honduras, destacaban el «gelatinoso sulfuroso», el «salino gaseoso» o el «mercurial», que se iban a las 3,50 pesetas. El horario del balneario en verano era desde las seis de la mañana hasta las 8 de la tarde y la entrada valía 0,10 pesetas. El abono, que por una peseta tenía una validez de quince días, permitía acceder a las distintas actividades que «a horas extraordinarias» tenía a bien programar la dirección del local. Las fiestas eran habituales y la alta ocupación por los veraneantes, moneda común.

El edificio dejó huella en Vilagarcía porque se construyó encima de la playa de A Concha, asentado sobre unos pilotes de madera, con unas trazas muy asiáticas, y con acceso directo al mar a través de unas escaleras. El balneario aguantó con empuje hasta principios del siglo XX, pero su declive arrancó a partir del 1910 y su punto y final, a mediados de los cincuenta del siglo pasado, cuando fue demolido por el estado que presentaba.

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