El concurso de acreedores cifra la deuda del Liceo en 693.000 euros

El activo de la sociedad vilagarciana es de 865.000 euros, con la sede de la rúa Castelao con un valor estimado de 797.111 ?


vilagarcía / la voz

Fue en el pasado mes de abril cuando el Liceo Casino entró en concurso de acreedores. Un proceso que se inició a petición de la propia sociedad como paso imprescindible para estructurar la enorme deuda que pesa sobre sus arcas y que le veterana sociedad pueda subsistir.

Fue la abogada Pilar Barreiro la designada como administradora concursal y quien presentó el informe sobre la situación patrimonial de la entidad vilagarciana. Un informe que especifica que el activo total del Liceo Casino asciende a 865.326,90 euros y el pasivo exigible a 693.495,80 euros.

Tal y como se sospechaba es la sede de la rúa Castelao la gran joya de la corona de la entidad vilagarciana y el clavo ardiendo al que puede agarrarse para que la sociedad se mantenga a flote. Al local social, que aparece sin cargas en el inventario de bienes y derechos de la entidad, se le atribuye un valor de 797.111,80 euros, cuando el valor comunicado era sumamente inferior: 435.086 euros.

Aparecen, además, varias obras de arte que están «pendientes de valoración definitiva» y que, inexcusablemente, elevarán el activo de la sociedad vilagarciana. Entre ellas, un cuadro mural de Rivas Briones y una escultura de hierro fundido de Paco Leiro. Esas dos obras y otro conjunto de cuadros y de fotografías de «artistas de renombre» han sido catalogados en 50.000 euros por el momento. También se han considerado hasta un centenar de «pequeñas embarcaciones» que están «en posesión de los socios pendientes de su devolución» por un valor de 5.000 euros.

Los acreedores

Por lo que respecta a los acreedores, ABanca reclama 149.606 euros, la delegación de Pontevedra de la Agencia Tributaria 101.880 €, la Tesorería General de la Seguridad Social, 85.060 €, la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, 74.153 €, el Concello, 56.294 € o la comunidad de propietarios del edifico, que reclama 19.792,82 euros, son los principales organismos a los que la sociedad liceísta les debe dinero según los daros del concurso. Además, claro está, de las deudas que mantiene con extrabajadores, en algún caso con cantidades muy relevantes pendientes de pago.

El escrito de la administradora concursal tiene como fecha de presentación en el Juzgado de Pontevedra el pasado lunes y lo acompañó Pilar Barreiro tanto con un inventario de la masa activa como de la lista detallada de acreedores.

El clavo ardiendo al que se agarran quienes se resisten a colocar la corona de defunción a la puerta de la mítica sociedad vilagarciana

La agonía está siendo larga y siempre con el clavo ardiendo de la venta de la sede de la sociedad como punto de esperanza para aquellos socios, no muchos ahora evidentemente, que se resisten a colocar la corona de defunción ante la sede del Liceo Casino en la rúa Castelao. Fueron ellos quienes pidieron que la sociedad entrara en concurso de acreedores para tener claro de una vez cuál es la salud de la sociedad.

Los datos están ya sobre la mesa y reflejan que la sede que la sociedad mantiene aún con vida en la rúa Castelao es la que puede, tal y como apuntaban algunos socios en las asambleas que se celebraron el año pasado, insuflar una pequeña dosis de oxígeno para que la sociedad se mantenga viva. En este sentido, conviene recordar que la posibilidad de que la adquiriera el Concello fue algo que en su momento estuvo en una hipotética hoja de ruta municipal, pero que ahora se ha complicado por la necesidad de restaurar el chalé, que en su momento fue incautado a Marcial Dorado (la casa Jaureguízar) y que será convertido en un local para que sea utilizado por las personas mayores de Vilagarcía, y con lo que pueda pasar con el Balneario.

En cualquier caso, y más allá de lo que pueda suceder tras el concurso de acreedores, lo cierto es que el futuro de cualquier sociedad pasa por el número de personas que quieran pagar su carné de socio y, ahora mismo, el Liceo Casino está muy lejos de reverdecer aquellos laureles que le llevaban a presumir de contar con más tres mil fieles mediados lo años ochenta del pasado siglo.

Una sangría constante

La sangría ha sido constante durante los últimos años y, hace poco más de un año, cuando se debatía si había que mantener viva la vela de la esperanza o llegaba el momento de darse por vencido la cifra superaba por poco los 175. Hoy serán muchos menos.

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