Descender bajo tierra para conocer la historia

El Centro de Interpretación das Torres Arcebispais de Pontevedra está en sus cimientos, su único vestigio


pontevedra / la voz

Tiene ese encanto de las cosas pequeñas y algo de secreto. El Centro de Interpretación das Torres Arcebispáis de Pontevedra es tan reducido que para visitarlo hay que pedir cita -este es precisamente el acrónimo que se ha decidido para darle nombre CITA- y, tras cumplir con el trámite que garantiza poder disfrutar de él, sumergirse bajo tierra.

Porque el CITA nació de una excavación. Cuando en el año 2007 se iniciaron las obras de reforma urbana en la avenida de Santa María, aparecieron allí los restos de la fortaleza que hoy en día se pueden visitar bajo tierra. Solo quedan los cimientos y otros restos hallados en las excavaciones que atestiguan la historia de la fortaleza que allí se levantó. Tras dos años de excavaciones, en agosto del 2010, por fin se inaugura y queda abierto definitivamente al público en septiembre. El resultado es fruto de la colaboración entre el arquitecto Jesús Aser Fole Osorio y el arqueólogo Xoán Carlos Castro Carrera, que se encargó del proyecto museístico.

La visita al centro museográfico se organiza en tres partes, porque así también está dividido el espacio. Nada más entrar se ofrece al visitante una presentación sobre la Pontevedra medieval y moderna así como lo que fue el pazo-fortaleza. Mediante pantallas táctiles, con un enfoque orientado al turista y a un público joven, se busca la mayor interactividad posible. En esta zona se sitúa también una maqueta con la reconstrucción del edificio original. Y es que lo que se pretende es que se obtenga un conocimiento sobre lo que fue uno de los monumentos más emblemáticos de la historia de Pontevedra, junto con el puente medieval y la iglesia de Santa María la Mayor. El primitivo castillo se levantó a comienzos del siglo XII y poco después, Fernando II le dona la villa con su castillo incluido al arzobispado de Santiago. La fortaleza apenas se verá afectada por las guerras irmandiñas pero, en cambio, sufrió graves daños durante el enfrentamiento entre Alonso II de Fonseca, arzobispo de Santiago, y Pedro Álvarez de Soutomaior, más conocido como Pedro Madruga, durante la guerra civil que entre los años 1474 y 1477 enfrentó a los partidarios de Isabel la Católica y a los de Juana a Beltraneja, hermana e hija de Henrique IV de Castilla.

No sería el golpe definitivo a la estructura. A comienzos del siglo XVIII los ingleses incendian el pazo. Prácticamente destruido, queda en alto su imponente torre del homenaje que aún tendrá una segunda vida como prisión, hasta que a finales del siglo XIX se decide su total demolición. Por fortuna, la parte que quedaba entonces bajo tierra sobrevivió y pudo convertirse en testigo hoy para los visitantes.

La escarpa y la contraescarpa dan fe de las características defensivas del inmueble. Y también otros objetos que se pueden contemplar en esta segunda parte en que se articulan las visitas al museo, como el puente levadizo y unas balas pétreas de catapulta, así como las marcas de cantero y varias piezas cerámicas encontradas en las excavaciones.

Finalmente, al fondo el visitantes puede disfrutar de un audiovisual, disponible en gallego, español, inglés, francés y una versión subtitulada para personas con discapacidad auditiva.

El recorrido completo apenas llevará unos minutos, salvo que uno se deje llevar por el encanto de un recinto pequeño, casi secreto, que invita a viajar por el tiempo y revivir batallas medievales, asedios llegados por mar a las rías baixas y reflexionar por qué en un pasado mucho más reciente se optó por demoler imponentes estructuras que eran testigo de la historia. Felizmente, algunas salen a la luz cuando menos se las espera, como esta, fruto de la remodelación de una calle de Pontevedra.

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