Internet apagó la luz de Venus

Tras casi medio siglo, la tienda que fue un referente del regalo informal echa el candado acosada por los tiempos


vilagarcía / la voz

Acababan de echar a andar los años setenta cuando Venus abrió sus puertas en las flamantes galerías del edificio del Casino, en Vilagarcía. Aquella moderna perfumería, que tenía en los complementos una seña de identidad, iba a ir cambiando tanto como la vida de su fundador. «La tienda la abrió mi padre cuando aún estaba soltero. Lleva abierta 46 años, más que yo», cuenta desde detrás del mostrador Gonzalo Gutiérrez. A él le ha tocado tomar la amarga decisión de poner el punto y final a la historia de un establecimiento en el que, durante muchos años, generaciones de vilagarcianos buscaban los regalos más sorprendentes, más divertidos, más irreverentes.

Hace una semana, Gonzalo colgó el cartel que anuncia que está de liquidación por cierre. Desde entonces, han sido muchas las personas que se han acercado por la tienda. Unos para aprovechar el tiempo de descuento y llevarse esas cosas que siempre se encontraban en Venus. «Del Celta ya poco va quedando», dice Gonzalo, esbozando una sonrisa. Otros, para entregarse a la nostalgia y lamentar el cierre de un negocio de esos que parece que siempre han estado ahí.

Pero de nostalgia no viven los comercios. «Si decido cerrar es porque no le veo futuro a esto. El local es mío, no tengo que pagar alquiler, podría tirar aún unos años más... Pero me queda mucho para la jubilación, y prefiero dar este paso ahora», dice Gonzalo con el tono de quien ha meditado bien su decisión.

Pero, ¿qué es lo que ha apagado la luz de Venus? La respuesta a esa pregunta no es sencilla. Pesan, dice el hombre de detrás del mostrador, muchos factores. Las peatonalizaciones, que «apartan a la gente de las galerías», podrían haber sido la puntilla para un comercio que empezó a languidecer hace años, pero que entró en la unidad de críticos cuando comprar por Internet se generalizó. «La gente prefiere comprar así, y eso que no siempre les sale más barato», razona Gonzalo. A su juicio, o los consumidores se despegan de las pantallas, o el futuro de las tiendas locales está sentenciado. No es optimista. «Nos daremos cuenta cuando ya no haya ningún comercio abierto». Ojalá se equivoque.

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