Un inicio de año negro para los pequeños comercios arousanos

El vaivén de aperturas y cierres de establecimientos es constante en Vilagarcía


vilagarcía / la voz

El primer trimestre del año se ha vestido de color negro para el pequeño comercio arousano. La presidenta de Zona Aberta, Rocío Louzán, lo aseguraba así esta misma semana, cuando la asociación presentaba una de las múltiples campañas con las que pretende dinamizar las ventas en los establecimientos que de ella forman parte. Pero ni con las sucesivas iniciativas han logrado los comerciantes vilagarcianos sacudirse la maldición que ha caído sobre este tipo de negocios. «Hay gente, pero no compra. No hay gasto», lamenta la responsable de una pequeña tienda de moda de la capital arousana. Y esta misma respuesta se repite allí donde se pregunte. Quizás tenga algo que ver la afirmación realizada esta misma semana por la OCDE: la clase media está «exprimida». Ya no hay más de donde sacar. Desde la UPTA aportan un dato que permite ilustrar este discurso y focalizarlo en O Salnés: el consumo interno en la comarca ha caído cuatro puntos, explica Eduardo Abad Sabarís. «No hay empleo, y el que hay es de peor calidad».

La moda «low-cost»

Así que, si no hay dinero que gastar, no hay gasto. Y el poco que se produce deben compartirlo los establecimientos que animan las calles de nuestras ciudades y pueblos con los que operan en Internet. Es una competencia que ha llegado para quedarse, y contra la que los comercios pequeños aún no han encontrado la manera de blindarse. De ahí el descalabro de una sucesión de negocios. Un descalabro que se puede traducir a números. En enero había registrados en Galicia 1.686 autónomos menos que en la apertura del año anterior. «De ese total, el 80 % se corresponden con los sectores de comercio y hostelería», apunta Sabarís. La razón la tiene clara: «Se impuso la moda de emprender en estos sectores con la tarifa plana. Y eso provocó la entrada en ellos de gente sin cualificación que ha impuesto el mercado low-cost, que es insostenible».

Demolición

El primer mes de este año fue especialmente duro: se dieron de alta 2.895 autónomos en Galicia, pero se sumaron las bajas de 4.581. En febrero la tendencia destructiva prosiguió, con 2.757 bajas frente a 2.868 altas. Hay un ir y venir, pues, de 3.000 negocios que mueren por otros tantos que nacen.

En O Salnés y en los ayuntamientos del Baixo Ulla la situación es, también «de encefalograma plano». El número de autónomos se mantiene más o menos estable, en el horizonte de las 9.000 personas, con un sinfín de establecimientos que cierran y que podrían ser aún más si no fuese porque «un 60 % de los autónomos de O Salnés tienen más de 55 años», una edad en la que es complicado encontrar otra alternativa laboral, lo que lleva a quienes se encuentran en esa situación a aguantar contra viento y marea al frente de negocios que, en la mayor parte de los casos, son ruinosos.

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