Vilagarcía trata de atajar con bancos la invasión de vehículos en Ravella

Particulares y transportistas atravesaban al volante las zonas peatonales a sus anchas


vilagarcía / la voz

Toda moneda tiene su cara y su cruz, y la peatonalización del contorno de Ravella no es una excepción. Desde que este entorno urbano fue cerrado al tráfico, el Concello de Vilagarcía se ha devanado los sesos para tratar de impedir que los vehículos motorizados invadan calles como Ramón y Cajal y los laterales de su parque central. En un momento de este mandato, se dio por hecho que el gobierno local instalaría cámaras de videovigilancia para controlar este tipo de incursiones, un verdadero peligro para los viandantes. La solución definitiva, sin embargo, no ha llegado por la vertiente de la tecnología, sino del lado de la contundencia física. Contra el descontrol al volante, bancos de hormigón que impiden el paso de automóviles y furgonetas de reparto.

El entorno de Ravella inauguró ayer la nueva ordenación de sus accesos, que establece diferentes entradas y salidas para los usuarios de garajes y los transportistas que trabajan con los establecimientos de la zona. Para evitar que se mezclen, y en el lugar siga imperando una especie de ley de la selva sobre ruedas, el Concello ha instalado mobiliario urbano en tres enclaves: el tramo medio de Ramón y Cajal, antes de su confluencia con Arapiles, la entrada inmediata al paseo central de los jardines y el fondo del lateral en el que funciona la cafetería Maty.

Habrá que ver el resultado que ofrece esta estrategia, porque la colocación inicial de los bancos tuvo que ser modificada a media mañana. Parecía demasiado drástica, una barrera en toda regla, de forma que ni siquiera los vehículos de emergencias la hubiesen sobrepasado. El cambio fue razonable, pero facilitó que algún espabilado se lo saltase a la torera.

Las tareas de carga y descarga deben finalizar a las once, por la mañana, y a las seis, por la tarde

Sobre el papel, las únicas incursiones al volante que deben soportar las áreas peatonales se limitan a los usuarios de los garajes incluidos en este tipo de zonas y los profesionales que realizan tareas de carga y descarga. Pero, a diferencia de los primeros, estos últimos se enfrentan a una restricción horaria clara y concisa. Pueden circular entre las siete y las once de la mañana, y desde las tres hasta las seis de la tarde. Todo lo que sobrepase estos márgenes debería ser recompensado con una multa.

Sucede que, en demasiadas ocasiones, estos horarios reciben el mismo respeto que un pato del río de O Con a ojos de una gaviota. Incluso empresas públicas como Correos se han tomado con sorprendente ligereza estos límites. Un ejemplo basta para calibrar los niveles que ha alcanzado el atrevimiento de algunos conductores. Un día, de buena mañana, una furgoneta de un conocido establecimiento de Vilagarcía cruzó tan ancha los jardines de Ravella a través de su paseo central. Lo peor del caso es que la escena se ha repetido. Y no es exclusiva de los transportistas. También algunos particulares, que no son precisamente inquilinos de garajes, recorren a velocidades de pánico calles como Ramón y Cajal o Rey Daviña, poniendo en serio peligro a cualquiera que en ese momento abandone un portal. No digamos a los chavales que juegan y corretean en torno al parque.

Algunos recordarán aquellos voluminosos maceteros de acero cortén que, allá por el 2015, se instalaron, sin éxito, para atajar el problema. El tiempo dirá si los bancos corren mejor suerte.

«Cualquier día podría haber sucedido aquí una desgracia»

Cualquiera de los comerciantes y hosteleros que flanquean los jardines de Ravella conocen la velocidad a la que los furgones de reparto atraviesan calles en las que la prioridad, desde todos los puntos de vista, debería descansar en los peatones. Paula Prado es una de ellas. Desde hace dos años regenta la tienda de golosinas Te Endulzo, a un paso de la esquina del lateral de los jardines con la calle Ramón y Cajal. Paula aplaude la medida adoptada por el Concello de Vilagarcía. Se trata de una cuestión de civismo y seguridad vial básica. «La verdad es que cualquier día podría haber sucedido aquí una tragedia, porque los niños corren a jugar, y no es la primera vez que las furgonetas tienen que frenar».

Los responsables de Te Endulzo distinguen perfectamente entre los vecinos que utilizan sus garajes y nunca, subrayan, han causado un problema, y los transportistas que hacen oídos sordos a cualquier razón. «Hemos hablado con muchos de ellos, pidiéndoles que no circulen pegados al comercio y que hagan sonar el claxon antes de pasar, pero no ha habido forma». Un ejemplo elocuente. En dos años, el toldo del establecimiento ha sido arrancado de cuajo tres veces por vehículos que cruzaban la calle peatonalizada. «El único consuelo que te queda es que, por lo menos, no le cayó encima a nadie».

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