Un año de cárcel por morder la nalga a una joven en el casco histórico

La Justicia descarta que fuera un contacto «casual fruto de una aglomeración»


Pontevedra / La voz

Madrugada del 27 de mayo del 2018. Una pontevedresa, junto con su novio y su hermana, disfruta de la movida nocturna en una de las principales arterias de la noche pontevedresa, la calle Charino, en pleno casco histórico, cuando siente como un pinchazo en la nalga derecha. Fue girarse y encontrarse, «doblado a la altura de su trasero», a un joven oriundo de Senegal al que ya conocía de antes.

Cuando apenas resta un mes de este incidente, la Audiencia de Pontevedra impone al acusado un año de prisión como autor de un delito de abuso sexual al considerar acreditado que, «con ánimo libidinoso, mordió ligeramente una nalga» a la víctima. Se da la particularidad de que el acusado no era la primera vez que actuaba de la forma que lo hizo.

Además de la pena de cárcel, la sentencia, que no es firme, impone al senegalés dos años de libertad vigilada y la prohibición de acercarse a menos de doscientos metros de la víctima o comunicarse con ella por cualquier medio por idéntico período de tiempo. La resolución no hace alusión alguna a una posible indemnización, aunque sí le imponen las costas procesales al acusado.

A la hora de establecer esta condena, la Audiencia de Pontevedra tuvo muy presente la declaración de los testigos para rechazar la tesis de la defensa que, dada la aglomeración de gente en la calle Charino, su cliente «pudo tropezar con la chica de forma involuntaria y sin ningún tipo de ánimo libidinoso». Añadió que el encausado trató de pasar por entre la gente dado «el escaso espacio que quedaba», toda vez que era noche de sábado y un pub estaba cerrando.

Los testigos

Sin embargo, los magistrados descartan que lo ocurrido sea «un contacto que pueda ser calificado de casual fruto de una aglomeración». A este respecto, refieren cómo la víctima, nada más sentir el pinchazo, lo pilló doblado junto a su trasero, mientras que su hermana observó como el senegalés se aproximó a esta y se agachó «a la altura del culo de aquella».

Por su parte, el novio de la víctima relató que, tras producirse el incidente, el encausado no se marchó inicialmente del lugar. En su lugar, sostuvo que cogió «una botella de cristal que rompió con la que amenazó al testigo, avanzando y retrocediendo hasta que se introdujo en un portal» de un edificio. Fue allí donde, presumiblemente, lo detuvo una patrulla de la policía.

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