El caso de Pepe el utillero le cuesta al Arousa S. C. otros cien mil euros

Los tribunales decretan un recargo del 40 % en las prestaciones de Bello tras su caída


vilagarcía / la voz

La escalofriante caída que casi le cuesta la vida a José Manuel García Bello, más conocido como Pepe el utillero, continúa proporcionando graves quebrantos al Arousa S. C., el club para el que trabajaba el hombre que el 9 de abril del 2015 se precipitaba a la bancada de A Lomba desde la cubierta de una de sus gradas. Es, de nuevo, el juzgado de lo social el que se lo propina, con un fallo que acaba de hacerse público. La sala número 4 de Pontevedra admite parcialmente una demanda de García Bello y acuerda un recargo del 40 % en todas las prestaciones de la Seguridad Social derivadas de aquel accidente, debido a la falta de medidas de seguridad que rodeaban las condiciones en las que el utillero desempeñaba su labor.

Los condenados son el Instituto Nacional de la Seguridad Social, la tesorería de la Seguridad Social, Fremap, la mutua que asiste al club, y el propio Arousa. Fuentes jurídicas indican que, aunque el cálculo no es sencillo, puesto que las prestaciones están vivas, la cantidad final puede superar fácilmente los cien mil euros. Las mismas fuentes explican que, si bien son los cuatro demandados los que deben asumir las consecuencias del fallo, lo habitual es que el resto acaben reclamando el dinero a la sociedad deportiva, a la que los tribunales consideran culpable de esa ausencia grave de medidas de seguridad en su entorno laboral. Se trata, en todo caso, de una sentencia recurrible ante el TSXG.

El juzgado número 4 subraya que el denominado deber de protección del trabajador recae sobre el Arousa, por mucho que Pepe el utillero no estuviese dado de alta en la Seguridad Social. Entiende la sala que el club le había encomendado a García Bello toda una serie de cometidos. Entre ellos la recogida de balones, que el hombre llevaba a cabo sin que dicha actividad hubiese sido programada por técnicos adecuados, conocedores del medio y de las condiciones en las que se desarrollaba su trabajo. Es el caso del deterioro de las planchas de fibrocemento que cubrían la grada. Las mismas que el utillero pisó, sufriendo una caída que bien pudo dejarlo en el sitio.

La sentencia admite que, siendo el campo de A Lomba una instalación municipal, es al Concello de Vilagarcía al que compete su mantenimiento. No obstante, este hecho no puede ocultar que «correspondía a la empleadora -esto es, al Arousa- velar por que el estado del centro de trabajo fuera el adecuado», con unas mínimas condiciones de seguridad. Ni que el utillero no tuviese equipo de protección.

El fallo subraya que el club debería haber velado por la seguridad de su trabajador

Entre 140.000 y 300.000 euros y petición de cárcel

A falta de que el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 2 de Vilagarcía decrete la apertura de la vista oral por este caso, las consecuencias económicas y penales se anuncian serias. La propia Fiscalía solicita indemnizaciones que se elevan a 140.000 euros, además de dos años de prisión para el presidente del Arousa. La acusación particular eleva esta petición a 300.000 euros para club, Concello y fundación, y tres años de cárcel.

Acostumbrado a recoger balones para acabar desplomándose desde seis metros

La clave de todo el enrevesado affaire tejido en torno a la caída de José Manuel García Bello es la consideración de que entre él y el Arousa Sociedad Cultural existía una relación laboral efectiva, aunque no reconocida oficialmente. Esta relación fue negada siempre por el club, pero el Juzgado de lo Social número 3 de Pontevedra estableció por sentencia que Pepe el utillero sí era un trabajador a su servicio. A partir de ese momento, los reveses judiciales para el equipo van cayendo como fichas de dominó.

El nuevo fallo de la sala número 4 insiste ahora en el hecho de que la presencia de Bello en la cubierta de A Lomba no respondía ni al azar ni a un momento puntual. Por contra, sostiene el dictamen, la recogida de balones formaba parte de sus atribuciones como utillero y encargado del cuidado del material.

Así lo acreditó el testimonio del trabajador del Concello que presta sus servicios en el campo y elevó a García Bello hasta la techumbre de la grada con una plataforma. El operario confirmó que la recogida de balones de esta forma bizarra, por calificarla de alguna manera, es cosa que se venía haciendo desde hacía largo tiempo. Para resumirlo en pocas líneas, el utillero era ayudado a encaramarse en la cubierta. A continuación, recorría su superficie superior a pie, procurando pisar en las crucetas de hormigón. La fatalidad quiso que aquel 9 de abril García Bello tropezase y se apoyase en la uralita. Las piezas se vinieron abajo y arrastraron al hombre a una caída de unos seis metros sobre una grada escalonada. Pepe el utillero puede contarlo de milagro.

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