El dibujante Antonio Palacios sale a la luz

Un libro y una exposición descubren 150 obras pictóricas del insigne arquitecto porriñés


vigo / la voz

Antonio Palacios Ramilo (1874-1945) ha pasado a la historia por sus grandes y singulares obras de arquitectura, como el edificio de Correos de Madrid, el Ayuntamiento de O Porriño, el templo votivo del Mar de Panxón y, entre otras muchas, el templete de la Red de San Luis. Pero hay otro Antonio Palacios más desconocido. Se trata del dibujante y pintor, autor de numerosas acuarelas, cuadros y bocetos que ahora se descubrirán para el público gracias a una exposición y a un libro.

Los dibujos estaban escondidos. Pertenecían a una colección particular y el historiador del arte José Ramón Iglesias ha sacado a la luz con el Concello de O Porriño algunos de ellos para exhibir en la Casa da Cultura. El compendio de obra pictórica va a ser recogido en un libro editado por Engaiolarte. El editor Xan Carballa explica que en la exposición se reflejan 150 obras. Muchas de ellas son trabajos de campo del arquitecto, bocetos para sus obras, pero también reflejan paisajes rurales y urbanos, como un grupo de niños jugando con las arenas y conchas en la playa de Riazor.

«Son dibujos inéditos», destaca Iglesias, que indica que hasta la recuperación de diversos cuadernos de campo solo se conocía la actividad como dibujante por los artículos que publicó Palacios y por los testimonios de algunos amigos suyos como Valentín Paz Andrade, que le acompañó en numerosas ocasiones en sus recorridos por la geografía gallega y portuguesa.

Imaginativo

Antonio Palacios fue un soñador e imaginó que otro Vigo era posible. Por eso diseñó un plan urbanístico para la ciudad con calles aterrazadas que nunca llegó a convertirse en realidad. Por esa época, visitó Londres y otras ciudades como Budapest, que le sirvieron de inspiración. En Hungría observó el uso del granito pulido y al poco tiempo se empezó a usar en estos lares. Su pariente Octavio Ramilo fue el primero, en el año 1928, en aserrar un bloque de granito rosa de O Porriño.

El arquitecto también recaló en otros lugares de la geografía española, como Málaga, donde ideó una calle con un majestuoso arco neomudéjar que nunca llegó a construirse y que se recoge en uno de sus dibujos.

Los cuadernos dejan constancia de la visita numerosas iglesias, monasterios, catedrales... «Los dibujos demuestran que también miró hacia la arquitectura popular, no solo se fijaba en las grandes obras monumentales, sino que también dibujaba cachotes, muros de mampostería», apostilla José Ramón Iglesias, que hasta su jubilación fue profesor en el instituto Pino Manso de O Porriño.

En sus visitas, el arquitecto anota medidas, traza plantas, bosqueja alzados y dibuja elementos decorativos y soluciones constructivas. «Esta actividad no le servía a Palacios para elaborar un catálogo de citas historicistas, sino que fue un ingrediente más de una obra que detesta la copia y camina siempre por una senda original», señala el experto, que lleva más de veinte años investigando sobre la figura de Palacios.

Los bosquejos y notas son también significativos de la contribución del arquitecto a la revalorización de algunos estilos históricos como el románico o el barroco, que se llevaba a cabo en esta época con la participación de destacados miembros del Seminario de Estudos Galegos. Palacios fue consciente de la importancia de la divulgación en lo que concernía a la conservación del patrimonio. A partir de estas visitas escribió una serie de artículos dedicados a los monasterios de Oseira, Armenteira, el Hospital Real de la plaza del Obradoiro, la catedral de Ourense, el Pórtico de la Gloria. También escribió dos textos sobre arqueología, uno de ellos centrado en la necrópolis dolménica de San Colmado.

El catálogo que puede verse en la exposición de la Casa da Cultura porriñesa incluye dibujos de figuras humanas y animales, así como escenas costumbristas, que permiten apreciar el interés de Palacios por la pintura, que practicó en la esfera de lo privado como ratifican varios cuadros depositados en el Museo de Pontevedra, en el monasterio de Poio y en varias colecciones particulares. Esa inclinación le llevó a participar en la promoción de una plástica regionalista al integrarse, junto a Sotomayor, Llorens y otros artistas, en la organización de exposiciones colectivas de arte gallego en las ciudades de Madrid, Buenos Aires y Montevideo.

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