Las personas mayores tropiezan cada vez más con la tecnología

«No podemos dejar a un anciano solo ante una pantalla que no entiende», argumenta un formador digital ante la creciente complejidad de las gestiones cotidianas


vilagarcía / la voz

«Agora é así; en todos os sitios hai que pedirlle á vez á televisión». Habla Carmen, una mujer de sesenta y tantos años que mira perpleja la máquina en la que debe solicitar su turno en las dependencias de la Seguridad Social. «Cada vez vólvese todo máis difícil, en todos os lados poñen máquinas». A Carmen no le falta razón. La tecnología, que no para de conquistar nuevos espacios, emerge donde menos se la espera en nombre de una supuesta eficiencia, de una mejor gestión. Para muestra, las máquinas recepcionistas que nos dan la bienvenida en oficinas de correos, en el ambulatorio de San Roque, en los bancos...

Para las personas mayores, tropezarse con uno de estos aparatos es un motivo de confusión, incluso de angustia. Así lo reconocen trabajadores del ambulatorio de San Roque, en Vilagarcía, que cada día ven cómo los ancianos que acuden a estas dependencias se estrellan contra los recepcionistas electrónicos que han entrado en servicio hace unos meses. Primero, por el propio funcionamiento de la máquina. Aparentemente sencillo, este resulta enigmático para muchos usuarios, cuyo grado de incomprensión se dispara si el terminal no lee a la primera su tarjeta sanitaria, o si no funciona correctamente. Algo que, por otra parte, suele ser frecuente en las dependencias sanitarias de San Roque. «Este sistema es muy complicado para un determinado perfil de personas», explican los profesionales de este centro, que reconoce que hay momentos en los que ante las máquinas se forman largas colas de usuarios. Por no hablar de que, acto seguido, toca esperar con paciencia en la puerta de la consulta, porque los tiempos de espera no se han acortado. Claro que, ahora, ese rato se lo pasan muchos con la mirada fija en las pantallas desde la que se llama a los pacientes. Ese proceso, aparentemente sencillo, resulta para algunos usuarios un misterio en el que los códigos, que incluyen letras y números, resultan incomprensibles.

Pero estas escenas no solo se producen en los centros sanitarios que disponen del nuevo sistema de recepción de pacientes. En otras dependencias, como Correos o los bancos, estas escenas se repiten también con frecuencia. En estas entidades, además, cada vez son más las operaciones que hay que realizar a través de los cajeros automáticos, ante los que se forman también importantes colas mientras algún usuario intenta resolver el quebradero de cabeza.

Y la lista de obstáculos tecnológicos sigue creciendo, porque cada vez son más los supermercados y centros comerciales en los que hay cajas de pago automático, o en el que es una pantalla la que indica a qué lugar debemos dirigirnos para pagar nuestra compra. El proceso es imparable.

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