Un histórico narco, último condenado por blanqueo por la coca del Sara James

Año y medio para Gerardo González Padín, condenado en el caso Nécora, y su esposa


Pontevedra / La voz

Gota a gota, cada poco tiempo, los más de mil kilos de cocaína que alijaba en sus bodegas el yate The Sara James se cobran una nueva víctima en forma de condena por blanqueo de capitales procedentes del narcotráfico. El más reciente, el histórico Gerardo González Padín, quien, junto con su esposa, aceptó en la Audiencia de Pontevedra año y medio de prisión, así como el pago de una multa de 21.000 euros, penas a las que se llegó por un acuerdo con la Fiscalía y en las que se aplicó una atenuante muy cualificada de dilaciones indebidas.

González Padín es un viejo conocido de la Justicia, toda vez que fue uno de los condenados por la Audiencia Nacional en el sumario 13/90 o caso Nécora. Le cayeron entonces doce años de cárcel por tráfico de drogas, sentencia a la que se sumó una nueva pena de seis años una década más tarde por la coca del The Sara James.

Este yate de bandera norteamericana fue abordado en junio del 2002 por el Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA) en las proximidades de la costa arousana. Días después, Gerardo González Padín era detenido a la salida de la cárcel de Vigo donde cumplía la condena impuesta en el marco de la operación Nécora. Se da la circunstancia que este cambadés permaneció huido durante tres años antes de comenzar a purgar los doce años de cárcel del macroproceso instruido por el entonces juez Baltasar Garzón.

En el caso de González Padín, la Audiencia refiere que no le consta «fuente de ingresos alguna anterior a 1999». De este modo, se refiere que habría empleado el dinero obtenido de su vinculación «desde tiempo atrás» con el narcotráfico para adquirir una serie de bienes «cuyo valor excedía de forma notoria de su en apariencia nula capacidad económica de origen lícito».

A la hora de incrementar su patrimonio, Gerardo González Padín se valió de su esposa, quien consta como titular formal de dichos bienes. Es lo que se viene a conocer como un testaferro. El objetivo de esta forma de actuar es ofrecer una suerte de cobertura «para ayudarle a encubrir el origen delictivo del dinero empleado por su marido».

Los magistrados tienen claro que la mujer era consciente de que estas cantidades procedían del tráfico de estupefacientes: «Era plenamente conocedora de que su marido estaba dedicado plenamente al narcotráfico como única fuente de sus ingresos», refiere la sentencia.

El patrimonio

Esta resolución desglosa, asimismo, una serie de bienes adquiridos por el matrimonio cuyo origen se encuentra en la droga. De este modo, se alude a una vivienda de ochenta metros cuadrados en Cambados y un inmueble rústico en Tragove de Corbillón, en cuya finca se construyó un almacén o alpendre.

Asimismo, se refiere la existencia de una cuenta de la que ambos son titulares al 50 % y la compra de una motocicleta y un Ford Scort, así como se matiza que el matrimonio es usuario habitual de Volkswagen 1.9 que formalmente está a nombre de su sobrino.

A este respecto, y dentro de lo que es el acuerdo de conformidad alcanzado con el ministerio público pontevedrés, la Audiencia de Pontevedra decreta el comiso de los más de treinta mil euros embargados a los dos encausados durante la instrucción.

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