«El problema con la heroína es que los niños no vieron a los zombis de O Vao»

Temor a que el repunte del consumo de esta droga colapse los servicios sociales


Pontevedra / La voz

Caballo, jaco, brown sugar, potro, dama blanca, reina... Heroína, en definitiva. La operación desarrollada esta semana en el asentamiento de O Vao ha servido para corroborar, ya no solo la existencia de un mercado de la droga que sobrevive a cualquier operativo policial o intento de descabezamiento, sino que el consumo de esta sustancia está repuntando en toda la comarca de Pontevedra. Y es que como bien señaló la comisaria Estíbaliz Palma, todo es cuestión de mercado. Si hay oferta es porque hay demanda, y viceversa.

Lo cierto es que en su último informe oficial al respecto, el Ministerio del Interior confirmaba esta tendencia al constatar la intervención, a lo largo del 2017, de un total de 524 kilos de esta sustancia estupefaciente, más del doble de lo que se había incautado en todo el año anterior. Y teniendo en cuenta el hecho de que «en la última década las aprehensiones nunca habían superado los trescientos kilos».

El problema que vislumbran los Servicios Sociales y los colectivos de ayuda a los drogodependientes es que esta incremento en las aprehensiones de droga no se está traduciendo, a priori, en el consumo. Los indicadores que maneja Interior refieren que ««no se aprecian indicios de aumento de consumo en nuestro país, permaneciendo estables las denuncias por tenencia o consumo en vías públicas, así como las incautaciones y detenciones asociadas al pequeño tráfico», mientras que el Plan Nacional Sobre Drogas refleja que «el consumo de heroína está estabilizado desde mediados de los años noventa».

El problema, a decir de los expertos, se sitúa en que en ambos casos las Administraciones trabajan, mayormente, con datos derivados de las personas que se acogen a programas de deshabituación. «Se está detectando que cada vez hay más aprehensiones, es una tendencia que venimos observando hace tiempo y, es más, se habla en el seno de las fuerzas de seguridad que en todo este trasiego se está observando en las calles más personas con problema de adicción a la heroína», apunta Fernando Alonso, gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico.

En este sentido, insistió en que se trata de un conocimiento muy superficial de este problema, porque el aumento de las cantidades decomisadas de heroína no cabe duda de que «abastece un mercado que existe y que la pide. Si hay más decomisos, lo que es evidente, aparte de la efectividad policial, es que hay más consumo», remarca Fernando Alonso, quien advierte de que se trata de una problemática, aparentemente, soterrada que «puede estallar en la cara en un par de años y veamos que estas personas están pidiendo su ingreso, cosa que todavía no sucede y ojalá no suceda, en centros de tratamiento. Es el momento de hacer prevención y ponerse manos a la obra».

Por su parte, fuentes policiales alertaron de que se observa que ha disminuido la percepción del riesgo por parte de los estamentos más jóvenes con respecto del consumo de heroína. «El problema es que nuestros niños no han visto los zombis del Vao», refirió hace apenas unos días un mando policial al aludir al aumento de las partidas de esta droga interceptadas en Pontevedra.

El rebujito

En algunos casos, este estupefaciente se ha empezado a asociar con el ocio, de tal modo que la heroína como sustancia depresora contribuiría a minimizar los efectos de estimulantes, como la coca. Y luego está el denominado rebujito que combina estas dos sustancias -a diferencia del speedball que se inyecta, el rebujito se inhala- para conseguir un efecto relajante, pero, a la vez, activo.

Lo que hasta no hace muchos años era una combinación que se asociaba a los consumidores más marginales, empieza a ser una moda en distintos puntos del territorio nacional, por lo que se teme que termine aterrizando como forma de ocio en las Rías Baixas.

Más del 80 % de los nuevos adictos consumen la heroína inhalándola

Si la heroína parece que está experimentando un repunte en su consumo, la forma en la que esta es ingerida por los drogodependientes ha variado sustancialmente. Ya no solo se trata de que su consumo en la vía pública no se realiza con la frecuencia en la que se hacia en la década de los setenta u ochenta, es que los nuevos adictos huyen de la jeringuilla y el pinchazo.

El último informe del Plan Nacional sobre Drogas recoge que en el 2015 «la vía de administración predominante entre los admitidos por primera vez a tratamiento por consumo de heroína es la pulmonar». De hecho, suponían el 83,7 % del total de nuevos tratamientos, mientras que los que optaban por inyectársela representaban el 7,6 %. El restante 6,6 % se correspondía con aquellas personas que preferían esnifarla.

La infraestructura de los clanes de la coca, al servicio de los transportes de la dama blanca

Una de las cuestiones que han puesto de manifiesto las últimas grandes operaciones contra el tráfico de heroína o dama blanca en la provincia de Pontevedra, es que hay clanes que tradicionalmente se asociaban al transporte de la cocaína que están diversificando su actuación a la heroína.

De este modo, los grupos del Este de Europa que capitalizan el mercado de la heroína encuentran en las Rías Baixas una estructura consolidada y mano de obra especializada. Esto explica que para muchos investigadores Pontevedra sea considerada como una de las vías de entrada de este estupefaciente en Portugal

Narcos de alquiler

Al igual que ocurre con el tráfico de cocaína, los narcos gallegos no son propietarios de la droga, sino que alquilan sus medios y capacidades como transportistas para colocar los alijos de un punto geográfico a otro. Una vez en destino, miembros de la organización que contrató estos servicios son los que se hacen cargo de la heroína y la distribuyen en el mercado.

A diferencia de lo que ocurre con la droga colombiana, la heroína reporta mayores beneficios a los clanes encargados de su transporte con unos riesgos, sino menores, sí equiparables.

La Fundación contra o Narcotráfico apuesta por la urbanización del asentamiento marginal de Poio

El gerente de la Fundación Galega contra o Narcotráfico tiene claro que, al margen de la presión policial, el problema de O Vao pasa por una intervención de todas las Administraciones. Así, Fernando Alonso, tras asumir que las posibles soluciones «no son fáciles, desde luego», defendió la idea de retomar el viejo proyecto de urbanizar el entorno, de aportar luz y limpieza a esa zona. Es un autentico gueto».

De este modo, insistió en la necesidad de alcanzar un compromiso, en el que estaría incluido, claro está, el Concello de Poio y la Xunta de Galicia. En este punto, apuntó al hecho de que, «ahora que entramos en elecciones, es un tiempo estupendo para que los candidatos se comprometan a poner luz y limpieza en ese gueto, porque eso ayuda mucho a solucionar. No es lo mismo que tenga una calle con su acera, con su carretera asfaltada, con su alumbrado que no lo tenga. No se trata de desterrar o, incluso, reubicar a los habitantes de O Vao, sino de dales un espacio más limpio y urbanizado», subrayó.

Toda vez que esta actuación «no es una varita mágica. No es decir, urbanizo eso y se soluciona todo», Fernando Alonso señaló que esta intervención se completaría con otras actuaciones que exceden a lo municipal y que situó en el ámbito de las leyes y la Justicia: «No puede ser que la inmensa mayoría [de los detenidos] entre por una puerta y salgan por la otra en los juzgados. A la policía y a la guardia civil, ya la tenemos, pero qué sucede, que, a los dos o tres días, están otra vez los mismos vendiendo droga y la reincidencia no está penada según debiera».

Chabolas como narcopisos

De igual modo, Fernando Alonso aludió al hecho de que se ha venido detectando que en el poblado «hay áreas que están expresamente habilitadas para consumir la droga». Precisó, en este sentido, que «la motivación es la misma» por la que surgieron los conocidos como narcopisos, viviendas en las que se simultanea la venta de estupefacientes con su consumo.

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