Asaltan dos viviendas al atardecer en el entorno del instituto de Carril

La policía investiga si sus autores accedieron a los adosados desde el centro educativo


vilagarcía / la voz

Por lo que relatan los vecinos de la zona, todo debió de suceder entre las siete y las nueve y media de la tarde del miércoles. Uno o más individuos aprovecharon la luz mortecina del anochecer para perpetrar dos asaltos en la urbanización que se levanta junto al instituto Miguel Ángel González Estévez, en Carril. No parece que el botín que obtuvieron vaya mucho más allá de una modesta cantidad de dinero en metálico y de alguna joya. Lo preocupante es el descaro con el que actuaron los autores de los robos, que, dada la hora en la que se movieron entre los adosados, se arriesgaron a ser sorprendidos por los inquilinos de las casas que eligieron como objetivo.

Las viviendas atacadas forman parte de una hilera de chalés cuyos patios traseros lindan con el recinto del centro educativo. Los asaltantes se introdujeron en ellas precisamente por esa parte posterior. Parece probable, por ello, que lograsen saltar a la parte trasera de la urbanización desde el propio instituto, algo que en todo caso tendrá que precisar la Policía Nacional, cuyos agentes se han hecho cargo de las investigaciones. Para entrar en el primero de los adosados, los visitantes forzaron una de sus ventanas. Una vez en el interior de la edificación revolvieron armarios y cajones en busca de su objetivo. Por lo visto, dinero contante y sonante o artículos de cierto valor que puedan ser canjeados fácil y rápidamente por más dinero.

Lo inquietante, una vez más, no es tanto los daños que pudieron causar, sino la sospecha de que para animarse a hacer algo así sus autores tuvieron que merodear por la zona durante un tiempo y vigilar las costumbres de sus habitantes. Solo así se explica que se atreviesen a actuar al atardecer, teniendo en cuenta que los propietarios de la vivienda podrían haber llegado en cualquier momento. Cuando los inquilinos del primer adosado volvieron a casa, a eso de las nueve y pico, tras una ausencia de pocas horas, se encontraron, de hecho, con sus pertenencias patas arriba.

La segunda de las incursiones tiene trazas muy parecidas. En esta ocasión, los asaltantes rompieron una de sus ventanas. Pero algo tuvo que salir mal, porque apenas revolvieron nada. Es posible, calculan los vecinos, que escuchasen algún ruido que los asustase. Abandonaron la casa por su puerta posterior, la que comunica el adosado con su jardín, y pusieron pies en polvorosa sin que, al menos en apariencia, se llevasen algo. Ayer, los agentes de la policía judicial se afanaban tratando de registrar alguna huella que permita identificar a los autores de los dos robos. Es cierto que una valla de varios metros de altura separa el recinto del instituto de los patios de la urbanización, pero no es menos cierto que resulta perfectamente factible escalarla y saltar.

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