Artesanía del calzado para sorprender a Feijoo

Luis rescató para el presidente la herramienta que usaba su abuelo para hacer las botas de fútbol del Arousa


vilagarcía / la voz

Las cámaras ya habían entrado en más de una ocasión en la Zapatería Acosta -con un siglo largo de antigüedad se tiene ganado un lugar en los altares de las hemerotecas-, pero nunca habían sido tantas ni con tanta expectación. La plana mayor del PPdeG, con su presidente Núñez Feijoo a la cabeza, y la mismísima presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, visitaron el sábado el establecimiento rodeados de una nube de fotógrafos. Estaban en Vilagarcía para participar en la puesta de largo de Alfonso González Gallego como candidato a la alcaldía y dieron un pequeño paseo desde la plaza de Galicia -la de los «buratos» en la palabras de Feijoo- hasta el auditorio, con una pequeña parada en Acosta, que para algo es el negocio con más solera de la ciudad.

Desde la calle se puede apreciar que no es una tienda cualquiera. Conserva las estanterías, el mostrador y el suelo de su última reforma, de 1936, pero lo que a la mayoría del público se le escapa es que en la trastienda y en los cajones atesora un pequeño museo.

Luis Manuel Acosta Crespo es el guardián del legado de aquella época en que la tienda era, además, taller; de cuando se hacían los zapatos a medida, los materiales sintéticos ni existían, y de cuando llegó a haber hasta diez empleados trabajando a las órdenes de su abuelo, Benito Marcial Acosta. El sábado quería sorprender a Feijoo y compañía con material inédito, y lo consiguió. El empresario rescató una especie de puntero de hierro que encontró entre las reliquias del negocio y la puso sobre el mostrador. ¿Alguien sabe para qué servía esto?, preguntó a los presentes. Alfonso Rueda se arriesgó a probar suerte, pero, por supuesto, nadie acertó. Quizá algún vilagarciano de cuna que formaba parte de la comitiva popular supiera que Acosta ya hacía las botas de fútbol que usaban los jugadores del Arousa hace setenta años, pero lo que fue toda una exclusiva es ver cuál era la herramienta que se utilizaba, y el procedimiento que se seguía, para fabricar los tacos de las botas que pisaban la tierra de A Lomba.

El puntero se golpeaba sobre una lámina de suela y, de ahí, salían pequeñas piezas en forma circular, del tamaño de una moneda de dos céntimos, que se superponían unas sobre otras hasta que cobraban forma de taco y se pegaban, a su vez, a la plataforma de la bota. Así se hacían las cosas antes. A mano, con paciencia y con esmero.

La lección logró sorprender a tan distinguido público y La Voz de Galicia no pasó por alto la ocasión de conocer más entresijos de la antigua Eureka, porque así se llamaba inicialmente aquella zapatería que Benito montó en el corazón de Vilagarcía después de haber hecho las Américas.

Su nieto, además de seguir con la tradición familiar -porque él estudió para técnico electrónico y sus planes de juventud no pasaban por la zapatería- ha sabido preservar una parte de su historia. Junto a la herramienta empleada para hacer las botas de fútbol tiene una máquina de coser cuero de las de antes, hormas de madera, un montón de facturas -algunas de los años veinte-, y los viejos libros de contabilidad en los que se puede comprobar cuánto cobraba un oficial y cuánto un aprendiz.

¿Cómo un material tan valioso no está en exposición?, preguntamos. Ya quisieran otros establecimientos disponer de semejante materia prima para decorar la tienda y montar espectaculares escaparates... Luis da una razón contundente. «Es que no hay sitio». Su pequeño tesoro queda, pues, de puertas para adentro. Lo que sí está a disposición de todos sus clientes es la posibilidad de hacer fotografías. «Lo hacen muchos turistas, sobre todo extranjeros, porque les encantan las cosas antiguas». Y si de algo pueden presumir en Acosta es de eso, de ser genuinos y de mantener sus señas de identidad. Hace muchos años que no hacen zapatos y que solo se dedican a la venta, pero, en la medida de lo posible, evitan llevar a sus vitrinas género que no sea de fabricación española y con un mínimo de calidad. «Aquí no entra nada hecho en China, aunque puede ser que algún fabricante use materiales de allí».

¿El futuro? «Esto acaba conmigo», dice tajante el empresario. No hay una cuarta generación para situarse al frente de este pequeño museo del calzado, aunque Luis espera poder seguir vendiendo zapatos durante unos años más.

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