«Si un niño pide un juguete y se le da en menos de un mes, le quita valor»

Pasada la Navidad, la psicóloga infantil María Sánchez invita a planificar con los pequeños los regalos para que aprendan a gestionar la inmediatez


Vigo / la voz

Las luces de las calles han alargado la duración de la Navidad en Vigo, pero ahora que se desmontan ya parece que toca poner fin, definitivamente, a ese período festivo. Con los rescoldos todavía calientes y con los papeles de regalo aún en la cabeza de muchos, la psicóloga María Sánchez Luaces, de la clínica Bregma de Vigo, pasó por los micrófonos de Radio Voz para explicar algo que preocupa a tantos padres, que es la cantidad de regalos que reciben los niños durante estas fiestas.

-¿Reciben demasiados regalos los niños en Navidad?

-Ya no se trata solo de lo que reciben estos días, sino de la percepción que tienen acerca de lo rápido que se satisfacen sus deseos. Hay un tema que es muy importante en la psicología infantil que es la inmediatez. Desde el momento en que un niño dice que quiere un juguete, si se tarda menos de un mes en aportárselo, desde mi punto de vista es inmediatez. A lo largo del año, los niños no tienen una lista tan larga de deseos para pedir en su cumpleaños o para la carta de los Reyes Magos.

-¿Cuál es su recomendación, entonces, generar ese deseo, esperar a una ocasión especial para darles un regalo en vez de comprarles todo lo que desean?

-Mi recomendación es que ellos aprendan a posponer y a gestionar lo que realmente ellos pueden obtener y desear. En el caso en el que desean algo e inmediatamente lo tienen, ellos pueden entender que pueden desechar o quitar valor a todo lo que tenían antes o a lo que recibieron el mes anterior. Hay que enseñar a los niños a tomar valor de las cosas que tienen para que, de no tener otra cosa, no les quede más remedio que disfrutar con lo anterior. Esto es una preocupación en familias sin muchos medios económicos y que no tienen los mismos juguetes o la misma ropa que otros. Pero ningún niño se va a traumatizar por el no, el tema está en que su mente gestione la frustración.

-¿Y esto es necesario, darles la oportunidad de que se frustren?

-Claro, es necesario. Es que eso ayuda a flexibilizar la mente. No se trata darles una decepción, es aprender que si no lo tengo, me tengo que aguantar. Eso es tolerar la frustración. Además, esto ayuda en una segunda parte: si el niño a lo largo de todo este año tenía una serie de deseos, ¿por qué no escribirlos en la carta de los reyes magos?

-¿Esto puede ayudar a los padres también? Porque si se hace como usted dice, se facilita la labor a los Reyes Magos para traer las cosas que al niño realmente le hacen ilusión y este invertiría mejor su tiempo jugando en aquello que quiere.

-Eso es. Y sobre todo tendrán más deseo y valorarán más lo que han recibido ese año, esas Navidades, para tener claro si juego y valoro las cosas que he recibido de cara al año siguiente. Lo que se obtiene es el deseo, no solo el regalo; si no, es pedir cosas sin motivación. Esto es refuerzo inmediato, que se disipa de una manera rápida, y que hasta hace probable que no se den cuenta si un papá esconde uno de esos detalles en el trastero.

-En las Navidades, ya no se trata solo de lo que le traen los Reyes a los niños en sus casas, sino que también hay otras casas, tíos, abuelos... Esa situación de tantos juguetes... ¿cómo se gestiona?

-Yo recomiendo que una vez que hemos llegado a ese punto, que hay un exceso, lo que se puede hacer es ir seleccionándole al niño aquellos juguetes con los que creemos que se va a entretener más e ir posponiendo el resto. El ejercicio al final es el mismo: quiere jugar con todo, abrir todo y nosotros vamos a intentar no satisfacer esa inmediatez.

-Es decir, retirar algunos juguetes.

-Sí, retirar para que cuando después jueguen con ellos realmente lo deseen, porque ya han jugado con otros antes. Se trata de enseñar a la mente que todo no puede ser. Lo que hago es retirar la mitad e ir enseñándole. También es importante jugar con ellos, si se puede, porque así de cada juguete y de cada juego ellos descubren más utilidades y más versiones que solos no podrían. Y así les motiva más y lo disfrutan más.

-Ahora que hace nada que los Reyes han venido, ¿hasta qué momento se debe cultivar esa ilusión o cuándo se debería escribir la carta de otra manera?

-Yo creo que la magia, la sensación de incertidumbre, se debe mantener siempre, todo lo que se pueda. Los adultos debemos tener mucho cuidado con cómo hablamos, porque como adultos nos gusta también vivir esa magia. No hay ninguna edad frontera. Cuando el pensamiento del niño sea tan lógico que haga ciertas preguntas para las que no quepan otras respuestas, hay que darlas, pero no hay que perder la magia.

-¿Cómo se pueden controlar los regalos que llegan de otros domicilios?

-Es una dinámica que puede comenzar ahora mismo, a principios de año. Cuando el niño pasee por la calle ya ahora y vea juguetes de otros niños y entonces diga «Yo quiero esto, mamá, papá, compradme esto», le podemos decir: «Tenemos que esperar». Se trata de posponerlo, no de decirle cuándo. Así, todo eso que ellos ven, que apuntan, puede recopilarse y después escribir la carta de los Reyes.

-La carta para la casa propia pero también para la casa de los abuelos o de los tíos, ¿no?

-Exactamente. Porque así todo lo que reciban van a ser cosas que necesitan, que les gustan o que les motivan, y no cosas que se encargan en la carta de los Reyes por tener un regalo o un detalle.

-Ahora que han vuelto al cole y hay deberes, ¿cuánto tiempo hay que dejar al día para jugar?

-El tiempo de juego es una necesidad, porque el cerebro se explaya, explora, aprende de manera inconsciente. Poner un tiempo al día es complejo, va en función de cada familia, pero si los deberes ayudan a conceptuar y a que los aprendizajes del cole se consoliden, el juego consolida un aprendizaje social, como compartir. El juego no debe desaparecer. La prioridad puede ser consolidar el trabajo de clase, después el juego, y después lo extraescolar. De hecho, si podemos meter el juego como deporte extraescolar, eso ya es maravilloso.

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