Simula, estando ebria, que conducía el coche con el que se accidentó su hijo

Tráfico constató que la mujer cuadriplicaba los niveles de alcoholemia


Pontevedra / La voz

Siempre se dice que el amor de una madre es incondicional, no contempla lo imposible y que, incluso, le puede llevar a franquear la línea que separa lo que es delito de lo que no lo es. Esto último es lo que ocurrió en el caso de una pontevedresa que, en la noche del 3 de julio del 2016, no dudó en simular ante la Guardia Civil ser la conductora del coche con el que, instantes antes, su hijo se había accidentado. Y todo, porque era consciente de que este último podría terminar siendo imputado penalmente, cosa que, por otro lado, así ocurrió.

Aquella noche, el joven al volante de un Seat Ibiza se incorporó a una carretera nacional sin respetar «la prioridad de paso de los vehículos» que ya circulaban por esta vía -un Volkswagen Passat tuvo que frenar para evitar la colisión, de hecho- para, acto seguido, circular «invadiendo el carril contrario de circulación en varias ocasiones».

En una de estas veces, provocó un accidente múltiple. Colisionó contra un Citroën C-4 «que circulaba correctamente haciendo que este perdiese el control y chocase, a su vez, contra una motocicleta Suzuki», añade la sentencia condenatoria. De igual modo, un segundo motorista que transitaba detrás de la Suzuki «se vio obligado a realizar un frenazo brusco, cayendo la moto al suelo y causándole daños que no han sido determinados».

Enterada de lo ocurrido, la pontevedresa se personó en el lugar del siniestro y se dirigió a los agentes de Tráfico asegurando, «pese a ser consciente de la falsedad de dicha afirmación», que era ella quien se encontraba al volante del Seat Ibiza en el momento del siniestro. Ante tales palabras, los agentes le requirieron para realizar la prueba de alcoholemia, que dio positivo al arrojar sendos resultados de 1,09 y 0,93 miligramos de alcohol por litro de aire espirado cuando el máximo legal es de 0,25.

Sin embargo, instantes después, los guardias descubrieron la falsedad de la confesión determinando, por tanto, la identidad del verdadero conductor. En este punto, la resolución judicial matiza que no se llegaron a iniciar actuaciones procesales por el delito de conducción etílica asumido por la madre del infractor.

Las condenas

Pese a ello, esta ha sido condenada a abonar una multa de 540 euros como autora de un delito de simulación de delito en grado de tentativa con la atenuante analógica de parentesco. Remarcan, en este sentido, que durante el juicio no acreditó «circunstancias económicas que imposibiliten su capacidad para el pago de una cuota tan módica como es la impuesta».

Por su parte, a su hijo le cayó un año de prisión por conducción temeraria, otros dos años de privación del derecho a conducir vehículos a motor, circunstancia que conlleva la pérdida de vigencia del carné. Los tribunales tienen claro que, aquella noche, «condujo con temeridad manifiesta, poniendo en riesgo la integridad de las personas y yendo a colisionar finalmente contra otro vehículo que circulaba correctamente, por lo que la condena penal es totalmente ajustada a derecho».

Asimismo, recordaron que en el 2014 ya fue condenado por un delito contra la seguridad vial por conducir bajo la influencia de bebidas alcohólicas.

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