«Era el partido más importante de la Tierra y no llegamos a vivirlo bien»

Más de 40 hinchas del Celta reclamaron ayer daños morales a la TAP y Ryanair por cancelar sus vuelos a Mánchester


vigo / la voz

El Juzgado de lo Mercantil número 3 de Pontevedra, con sede en Vigo, celebró ayer dos juicios promovidos por más de 40 aficionados del Real Club Celta de Vigo que el 10 de mayo del 2017 se quedaron colgados por la falta de combustible en el aeropuerto de Lisboa. No pudieron volar ese día a Inglaterra, donde querían ver en la jornada siguiente el partido de Europa League entre el equipo vigués y el Manchester United. Los perjudicados volaban con Ryanair o la TAP. En el juicio declararon como testigos seis pasajeros afectados.

Ryanair se allanó en la demanda y aceptó abonar las indemnizaciones reguladas de la UE por retrasos y ha depositado 12.000 euros para compensar a los pasajeros (400 euros por cabeza). Solo está en discusión el pago del hotel en Manchester porque los que habían reservado antes anularon sus habitaciones al no presentarse el primer día.

Los pasajeros de la TAP reclaman 680 euros cada uno, lo que incluye el dinero del vuelo, dos noches anuladas del hotel en Mánchester, la comida y los daños morales sufridos. La defensa de la operadora lusa replica que les ofreció volar otro día pero nadie aceptó porque les venía mal: «La compañía no puede cambiar la fecha del partido».

En el juicio contra la TAP declararon varios hinchas como testigos de las peripecias que vivieron para llegar a tiempo al partido tras cancelarse sus respectivos vuelos. Era un día caótico por la visita del Papa al santuario de Fátima y había controles. Medio centenar se desplazaron en bus hasta Faro, al sur de Portugal, para volar a Mánchester.

La TAP alegó que la terminal de Lisboa tuvo problemas con el suministro de combustible y que hubo muchos vuelos afectados debido a que se cerró el aeropuerto. Los viajeros le reprochan que «no hubo ningún plan B para recolocar a los pasajeros, a algunos les ofrecieron volar tres días después». Un viajero destacó: «Estábamos abatidos y desesperados, íbamos a disfrutar pero en el aeropuerto no sabíamos que iba a ser de nosotros. Todo se demoraba y no había respuestas».

Según un testigo, el Celta medió para contratar un bus para viajar hasta Faro y buscar otro vuelo a Manchester tras comprar on line 35 plazas. «Había mucha ansiedad», recordó un testigo. «La TAP no nos ayudó, solo ofrecía vuelos para tres días después del partido», criticó otro. «Fuimos a Faro con incertidumbre, nos dimos una paliza, sin dormir, cansados, preguntándonos si nos dejarían salir», afirmó uno. Para colmo, el chófer del bus que les llevó a Faro estaba agotado tras haber prestado servicios en la visita del Papa «y casi se sale de la vía porque se quedó dormido».

Reclaman daños morales porque aunque llegaron el día 11 al mediodía a Mánchester, con tiempo para ver el partido, se perdieron las celebraciones anteriores con sus amigos llegados desde toda Europa y la reunión con el alcalde Abel Caballero en una plaza inglesa: «Era una oportunidad histórica, el partido no son solo 90 minutos». «Era un partido muy especial, uno de los partidos más importantes de la Tierra y no llegamos a vivirlo bien, quieres llegar y disfrutar del ambiente con la otra afición y tú gente y fue imposible disfrutarlo, estábamos intranquilos», dijo un perjudicado. «Era el partido más importante de la historia del Celta y en Old Trafford», clamó oto.

«Mi novio llevaba 36 horas sin dormir y en Faro nos fuimos dos horas al hotel»

Tres afectados por Ryanair declararon como testigos en el juicio a la TAP y viceversa. Antón, Marta y Pablo volaban con la aerolínea lusa. Tardaron 24 horas en llegar a Manchester. En Lisboa «se corrió la voz de que alguien halló con una aplicación muchos asientos libres a Manchester desde Faro y nos metimos todos. Nos buscamos la vida, nadie nos ayudó». Marta cuenta que «mi novio trabajó de noche y llevaba 36 horas sin dormir. En Faro nos fuimos dos horas a un hotel». Otros pasajeros al llegar al aeropuerto del sur de Portugal «nos tiramos en el suelo o en los asientos de la cafetería». «Fuimos sin dormir al partido, estás de los nervios, venían amigos desde Ámsterdam o Londres, habíamos quedarnos en vernos y no pudimos estar con ellos en las celebraciones», lamenta uno.

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