Quinientos días de un fallo histórico

A principios de julio del año pasado, la Audiencia de Pontevedra dictaba la primera condena a prisión permanente revisable en España. Desde entonces, otros tres casos


Pontevedra / La voz

El 1 de julio del 2015, entraba en vigor una reforma del Código Penal que, entre otras novedades, introducía la prisión permanente revisable. Apenas unas semanas más tarde se producía un crimen que conmocionó no solo a Moraña y, por extensión la provincia de Pontevedra, sino a toda España. David Oubel acababa con las vidas de sus dos hijas, Amaya y Candela, con una radial.

Dos años más tarde, la Audiencia de Pontevedra dictaba un fallo histórico, del que ahora se cumplen quinientos días. Por primera vez, una persona era condena en España a prisión permanente revisable, una pena que, desde entonces, se ha reproducido en otras tres ocasiones a la espera de si la Audiencia Provincial de Guadalajara toma esta misma determinación en el caso Patrick Nogueira, el joven brasileño que asesinó en septiembre del 2016 en Pioz a sus tíos, Marcos Campos, de 40 años, y Janaina Santos, de 39, y sus dos hijos de la pareja, Carolina y Davi, de 3 y 1 año, respectivamente.

En el caso de David Oubel, este permanece recluido en la prisión leonesa de Mansilla de las Mulas a donde fue trasladado al poco tiempo de iniciarse el proceso judicial que determinó su actual condena. En todo este tiempo, las fuentes consultas resaltaron que ha mantenido un actitud cooperante, nada fuera de los normal, si bien, según recogió en su día La Nueva Crónica, habría mostrado su malestar por el hecho de que el personal sanitario del centro penitenciario suscribiera un documento para evitar que se le nombrara ordenanza del módulo de Enfermería. De haber conseguido este puesto, «Oubel hubiera cobrado un sueldillo, lo suficiente para no tener que vivir del dinero que le ingresa su familia -un máximo de 80 euros semanales-», añadía el diario.

Pero, ¿quienes son los otros tres condenados hasta ahora a prisión permanente revisable? Tras el parricida de Moraña, la siguiente pena recayó en Sergio Díaz o El carnicero de Icod, un joven cordobés de 21 años que en el 2016 asestó en esta localidad tinerfeña una treintena de puñaladas al abuelo de su novia que sufría una discapacidad. Las cuchilladas se localizaron en el abdomen, tórax y cuello de la víctima alcanzándole, entre otros órganos, el corazón y los pulmones.

«La semilla del mal»

Posteriormente, fue la Audiencia de Álava la que impuso esta condena a Daniel Montaño, quien arrojó a principios de enero del 2016 al bebé de su pareja -tenía apenas 17 meses- por la ventana de su piso en alquiler que compartían en la capital vasca, Vitoria. El saxofonista y profesor de música también intentó matar a su compañera sentimental cuando, presumiblemente, se negó a mantener relaciones sexuales con él. A Montaña, natural de Sevilla, no le valió de nada apelar a la existencia de un trastorno mental que, según sus propias palabras, le hizo ver en la pequeña a «la semilla del mal».

La última de las sentencias dictadas hasta el momento procede de la Audiencia de A Coruña. El Día de la Madre del 2017, Marcos Mirás golpeó con una pala a su hijo de 11 años hasta que acabó con su vida. El conocido como parricida de Oza consumó el crimen apenas unos horas de que tuviera que entregar el pequeño a su exmujer, de la que estaba separado desde hacía siete años.

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