El amor ya no será eterno en el puente de Vista Alegre

La retirada de la malla de las barandillas se llevará también los numerosos candados que allí cuelgan


vilagarcía / la voz

Al contrario de lo que suele suceder, la culpa de todo, en este caso, no la tiene Yoko Ono. La tiene Federico Moccia, o quizás ni siquiera él, porque hay quien atribuye la idea a un cuento serbio de hace más de cien años. El asunto es que fue Moccia quien, con su novela Tengo ganas de ti, convirtió el detalle de sellar el amor con un candado en un puente en todo un furor. Un furor que arrancó en Italia, pero que se ha trasladado por todo el mundo y que llegó, por supuesto, a la comarca de O Salnés.

¿Quién sabe si quienes pusieron su candado en la barandilla del puente de Vista Alegre leyeron la novela, o si saben siquiera quién es Moccia? Puede ser que sí, que lo sepan. Incluso que conozcan también algunos el cuento serbio de la maestra y el soldado, pero también es posible que muchos lo hicieran simplemente por seguir una moda que se convirtió en todo un fenómeno de masas en la década pasada.

En cualquier cosa, y conocieran o no la razón de tanto candado, conviene ir advirtiendo que, al menos en el caso del puente de Vista Alegre, el amor ya no va a ser eterno. La retirada de la barandilla, incuestionablemente deteriorada por su avanzada edad, traerá consigo la sustitución de la malla en la que se colgaron tantos candados, tantas esperanzas, quién sabe si aún vivas.

Todavía tienen margen de recuperar su candado los interesados en hacerlo, porque las obras aún tardarán un tiempo en comenzar. Claro que, tenemos un problema. Si los enamorados arousanos siguieron al pie de la letra el rito de Gin y Step, tras cerrar el candado tuvieron que tirar la llave al río y, verdaderamente, sí que sería toda una prueba de amor remangarse los pantalones y ponerse a buscar por el Con, tal y como está, una llave que vaya a saber por dónde andará. La advertencia tiene más valor para aquellos jovenzuelos que estén pensando en hacerlo. Hacedlo si queréis, amigos, pero no en la barandilla del puente de Vista Alegre porque allí no tendréis mucho futuro. Eso sí, una advertencia: aunque tardó unos años, Moccia se decidió hace poco a concluir su trilogía y la cosa no tuvo un final demasiado feliz. Y es que quizás haya alguna alternativa mejor porque los candados siempre se acaban oxidando.

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