Los peces de colores que nadan en las Rías Baixas

Los tonos vivos de especies como el peixe rei siguen sorprendiendo a los pescadores


vigo / la voz

No hace mucho que un pez naranja y otro azul se pusieron de moda en las pantallas. Eran Nemo y Dory, un pez payaso y un pez cirujano. Las especies que Disney retrató son propias de aguas tropicales y no se pueden encontrar en las latitudes de las Rías Baixas. Aquí, la mayoría de peces son de tonos grises y apagados. Aun así son bastantes los que presentan colores tan vivos como los de aguas tropicales, según un estudio de los biólogos Rafael Bañón y Manuel E. Garci.

Esto se debe a la lógica de la selección natural. En las aguas más calientes es donde crecen los arrecifes de coral, allí se concentra una buena parte de las especies de pescado de todo el mundo. Estos hábitats se caracterizan por su riqueza y gran biodiversidad, así como por su gran cantidad de colores. Para sobrevivir allí, las especies se adaptan para camuflarse con los tonos del coral y no ser devorados.

En cambio, en las Rías Baixas no hay corales de tal magnitud y las aguas son más profundas. Esto provoca que las especies autóctonas sean de tonos más oscuros, negros o rojos. Además, muchas presentan un doble color: uno más oscuro en la parte superior, para que sea más difícil apreciarlos desde la superficie, y otro más claro en la inferior, para que los depredadores de las profundidades no los distingan. Aun así, hay especies en la ría que presentan colores muy vivos y llamativos.

Una de ellas es la Anthias antias. Un pescado conocido como peixe rei en Vigo y que vive desde la costa sur de Namibia (África) hasta el norte de Portugal y el sur de Galicia. Se caracteriza por sus tonos rosas, naranjas y amarillos. Suele vivir a quince metros de profundidad, pero se han llegado a encontrar ejemplares nadando a 300 metros bajo el nivel del mar. No es una especie típica para los marineros de la ría de Vigo. Alguno cuenta que se ha llevado más de una sorpresa cuando aparece en sus redes. Garci explica que no hace mucho que unos pescadores habituales de la zona de detrás de las islas Cíes lo sacaron del agua mientras faenaban. Cuenta que cuando lo vieron no sabían lo que era y lo llevaron al CSIC diciendo que no habían «visto nunca una especie así».

Otra de las especies coloridas de la zona es la doncella, ya más conocida y presente en las listas de la compra. Son una especie hermafrodita y que varía de color según la zona en la que esté. En las Rías Baixas son de color pardo con una banda anaranjada que los atraviesa, mientras que su vientre es claro. Las doncellas se distribuyen desde el mar Cantábrico hasta Cabo Verde, así como por todo el Mediterráneo. Se alimentan de todo y de hecho en las playas del sur de Italia a veces muerden los pies de los bañistas.

El más conocido de los peces coloridos de la ría es el pinto o maragota. Sus colores cambian en función de la edad, la época del año o la profundidad, aunque siempre son vistosos. Garci destaca su color durante la puesta huevos, donde llega a imitar reflejos para evitar el ataque de los depredadores.

Destaca también el Labrus mixtus, conocido como borracho o xian, con su tono rojo anaranjado en el dorso y con el vientre amarillento aporta otro toque de color a la ría. No es una especie típica en las lonjas, pero sí que sirve para alimentación y algunos pescadores la aprovechan cuando la atrapan con sus redes.

La última especie colorida es la faneca brava, de sobra conocida por sus picaduras. Mimetizada en fondos arenosos, también aporta su color rojizo a la ría.

«Cíes tiene más biodiversidad porque ofrece una gran cantidad de hábitats»

Manuel E. Garci destaca las islas Cíes como un espacio único en Galicia respecto a biodiversidad. Explica que, aunque el parque nacional no es muy grande, ofrece una gran cantidad de hábitats distintos. Esto provoca que la biodiversidad del archipiélago sea mayor que la que se puede encontrar en otras zonas costeras de Galicia. Los paisajes que más se repiten bajo en mar de las Cíes son los bosques de algas que pueden llegar a medir hasta dos metros. En ellas se esconden multitud de especies, desde nécoras a orejas de mar. Las especies acuáticas también buscan cobijo en las cuevas y grietas, otro de los hábitats característicos de las islas. Garci explica que a estos hábitats se suman cada vez más especies debido al calentamiento global. «Antes algunas especies solo llegaban hasta el golfo de Cádiz en su migración, ahora llegan aquí».

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