Unos turistas canadienses se niegan a pagar el alquiler por el ruido de O Grove

La plataforma Airbnb acepta las quejas y le quita a la casera el 25 % del alquiler

Unos turistas canadienses se niegan a pagar el alquiler por el ruido de O Grove La plataforma AirBnb acepta las quejas y arrebata a la casera el 25% del alquiler, teniendo que asumir pérdidas tras una semana de alojamiento de unos 200 euros. Los huéspedes, además, dejaron rotas tres persianas, demostrando poco civismo.
s. g.
O Grove / La Voz

La llegada del verano supone también la arribada de viajeros de todas partes del mundo. Turistas que, en algunos casos, no solo vienen dispuestos a pasar sus vacaciones, sino también a disfrutarlas a coste cero, como sucedió esta semana en Benidorm con la mujer británica que solicitó el reembolso del viaje alegando la presencia de muchos españoles en el hotel donde se hospedaba. Algo parecido acaba de suceder en O Grove con una vivienda de alquiler vacacional, que tuvo como protagonistas el ruido de los vehículos y unos turistas de Montreal (Canadá).

Diana Seoane Gil lleva tres veranos alquilando su segunda vivienda, ubicada en la carretera por la que se accede a O Grove, a través de la plataforma turística Airbnb. Una casa contigua a la suya que cuenta con capacidad para albergar hasta seis personas y que a Diana le supone un medio para ganar un dinero extra. «Aunque realmente lo considero un trabajo, porque quiero asegurar una buena estancia», explica la propietaria de la vivienda. Un trabajo que realizaba con gusto y sin ninguna incidencia hasta la semana pasada, cuando recibió como huéspedes a los citados viajeros canadienses. Los turistas, que acudían a una boda, reservaron la vivienda una semana. Durante esos siete días, los huéspedes no pusieron ninguna pega al alojamiento y disfrutaron de su estancia en O Grove. O eso pensaba Diana, pues se llevó una ingrata sorpresa cuando, tras abandonar la vivienda, los canadienses le dejaron un comentario «insólito y decepcionante» en su perfil de la web que, tras la reclamación, fue suspendido. Alegando un «tránsito constante de buses, camiones y vehículos» por la carretera situada enfrente de la casa, los turistas aseguraron «no poder disfrutar ni de un solo minuto en la terraza». Una situación que, decían, se alejaba del «lugar tranquilo y silencioso» que esperaban encontrar, a pesar de que el mapa de localización deja bien clara la ubicación de la casa y la carretera genera el ruido habitual de una vía turística con tránsito de vehículos. De hecho, a escasos metros funciona sin problema alguno un hotel.

Sin embargo, las consecuencias de la protesta fueron más allá de un simple pero relevante comentario ­-las valoraciones de los huéspedes tienen un gran peso en este tipo de plataformas - y los turistas solicitaron, con éxito, el reembolso de un porcentaje del alquiler. Tras ponerse en contacto con Airbnb, Diana consiguió que «solo» les devolviesen el 25 % del total, que se traduce en un importe de 200 euros. Un reembolso inexplicable si tenemos en cuenta que «es algo que no depende de mi labor como anfitriona», explica Diana Seoane. Por si fuese poco, también se quejaron de sus perros, que el anuncio advertía de antemano, y se negaron a depositar el importe correspondiente a tres persianas dañadas durante su estancia, hecho que la web archivó a pesar de que la casera presentó la factura de la reparación.

Los usuarios lamentan que se proteja más al huésped que a los anfitriones

Los problemas con los huéspedes no son un hecho aislado en webs como Airbnb. De hecho, en el caso concreto de esta compañía hay una sección titulada Community en la que los anfitriones ponen de manifiesto los distintos altercados con turistas. Unos comentarios que constatan una práctica generalizada de algunos viajeros que disfrutan de sus estancia y luego reclaman el reembolso total o parcial a la compañía. Un usuario llega a añadir, incluso, que «algunos hasta amenazan con una mala evaluación si no se les devuelve el dinero y, lamentablemente, se protege más al huésped que a los anfitriones honestos». Sin embargo, la plataforma ofrece una serie de servicios y garantías para evitar situaciones en las que los turistas se aprovechan de la hospitalidad del anfitrión. En el caso concreto de esta plataforma de alquiler vacacional, su página web ofrece un centro de ayuda para anfitriones y un seguro integral que cubre los daños provocados por los huéspedes, siempre y cuando estén justificados y no correspondan a daños provocados por el desgaste del uso habitual de las instalaciones. Además, ante casos de mayor calado, como problemas por el comportamiento inadecuado de los huéspedes, el anfitrión puede recurrir a la Policía Local de la zona en la que se encuentre.

Una turista británica se queja de la presencia de españoles en su hotel de Benidorm

Álvaro Alonso
.Playa de Benidorm
Playa de Benidorm

«¿Por qué los españoles no pueden ir a otro lugar para sus vacaciones?», se llega a preguntar esta mujer de 81 años

Una turista británica de 81 años, Freda Jackson, ha remitido una carta a la agencia de viajes Thomas Cook para reclamar que le devuelvan el dinero que gastó en mayo para pasar unos días en Benidorm. «Nunca había estado en Benidorm y tenía muchas ganas. Las vacaciones se arruinaron por completo, fueron un desastre de principio a fin», aseguró la mujer al diario Lancashire Telegraph.

La británica se hospedó en el hotel Poseidón Playa durante dos semanas y dijo que una de sus mayores desilusiones fue la «grosería» de otros turistas españoles: «El hotel estaba lleno de turistas españoles y realmente nos pusieron de los nervios. Una noche, un chico español casi me tira al suelo y me fui caminando sin siquiera pedir disculpas. El entretenimiento en el hotel estaba enfocado y atendía solo a los españoles. ¿Por qué los españoles no pueden ir a otro lugar para sus vacaciones?».

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