«El viejo dijo que no me hiciesen quedar allá»

Las escuchas revelan los entresijos de las negociaciones y del viaje a Colombia y Ecuador de uno de los encarcelados

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vilagarcía / la voz

Buena parte de la información que condujo a la caída de la organización arousana procede de las conversaciones entre los impulsores del alijo, que los agentes del Grupo de Respuesta Especial contra el Crimen Organizado (Greco) del Cuerpo Nacional de Policía intervinieron a lo largo de más de un año.

El 12 de julio del año pasado, Luis Manuel Rodríguez Parada y Víctor Manuel Pérez Santos, que están en el negocio desde el principio y ayer ingresaron en prisión, mantienen una charla en la que salen a relucir dineros, porcentajes y dudas.

-Rodríguez (R): Tú por eso no te preocupes, porque en el margen que hablaste con el viejo no se va a mover. En el veinte es el veinte, pero yo, cuando esté con este, le voy a decir otra vez, bueno, cómo es lo del porcentaje, y lo aguantamos ahí. Cogemos un día y marchamos los dos a Coruña.

-Pérez (P): Nosotros tenemos que solucionarlo.

-R: Nosotros solucionado ya lo tenemos.

-P: Por un lado o por el otro.

-R: El chollo lo hacemos aunque sea con este de junto tuya, si al final nos va a quedar un punto, a mí este me extraña mucho que haya tanta diferencia en dos barcos portugueses, uno que con un diez, porque hasta ahora era un diez con Antonio. Era un diez.

-P: Aún tengo que esperar a Choujón [nombre que dan a Melchor Charlín], solo que me dijo eso el viejo. Oye, dice que ya vienen con todo.

-R: Eso también es todo siempre así.

-P: Ya sabes cómo es.

-R: Que una cosa que te quiero decir, entonces yo hablo con este y a mí que me hable claro. Cómo es eso de los 180.

-P: Vale, tú habla con él y dile que, por lo que se ve, tienes eso en camino.

-R: A mí me tienes que hacer las cuentas aquí. No me digas que tienes un barco y yo no sé lo que tenemos ni lo que dejamos de tener, qué es lo que va aquí y qué es lo que queda, ¿entiendes? Qué dice, coño, pues quedan tres puntos.

-P: Si hay que echarla en tierra queda mierda.

-R: Por aquí arriba.

-P: Te va al veinte.

-R: Buscamos otra cosa, que a última hora no nos queden más cojones que...

-P: Que ir a él.

-R: Que ir a él, pues iremos a él, porque no vamos a quedar mal con la gente y nos quedará lo que nos quede. Y después, lo que tú agarres.

Un mes más tarde, el 18 de agosto, los mismos protagonistas conversan sobre la forma en la que avanza el asunto. Surge la idea de madera y roca como mercancías legales con las que colar la cocaína. Por primera vez se plantea que uno de ellos, Víctor, tenga que volar a Sudamérica a través de Portugal.

-P: Al viejo le pareció bien. Me dijo: «Que no te vayan a hacer quedar allá, ¿eh?, tú vente, que estos son muy finos». Tú le tienes que decir: «No, yo tengo que ir allá, que tengo que organizar allá» [...].

-R: Y lo de la piedra, el primer viaje hay que pagar los gastos y a ver si aparece el de la caña.

-P: Ese es el que hacía falta si falla el de la madera, que apareciera ese, estos van a estar hasta que nosotros vengamos.

-R: A lo mejor también trae madera, según trae cañas también trae madera.

-P: El tema es que ellos se quedan aquí hasta que nosotros vengamos de Portugal, resulta que lo del gancho ciego, ayer, el hijo de puta este, ayer a la tarde el sobrino, hostia el viejo, ahora nos pide tantas explicaciones, Manolo, y tantas explicaciones.

-R: [Ininteligible].

-P: Que de qué puerto sale. Le dijimos nosotros; «Vamos a ver, nosotros no te podemos decir el puerto, porque si saben el barco ya lo saben ellos, y tenemos que ir allá a ver a este, un papel con explicaciones, todas explicaciones.

-R: El gancho ciego. Si yo pudiera hablar con...

-P: Tenemos que ir allá, nos vamos a liar.

-R: Mientras tú vas allá, a ver si veo yo [inaudible].

-P: No, yo digo la mercancía. Tienen ellos mercancía, nosotros tenemos el gancho ciego. Estos no quieren gancho ciego.

-R: Ah, bueno.

El 10 de enero, Víctor Pérez se comunica con Aurelio, un contacto portugués. Hablan de su inminente marcha desde Portugal, de Melchor Charlín y del tiempo que el gallego estará fuera.

-P: ¿Cuánto podrás conseguir para llevar yo?

-A: Tú tienes que llevar por lo menos 500, si no buscas problemas.

-P: Sí, vale. Porque tú me sacas ida y vuelta ya.

-A: Sí, sí.

-P: Vale, perfecto. ¿Y cuántos días echaré?, ¿no sabes?

-A: Tres, tres semanas.

Efectivamente, existe constancia de que Pérez Santos viaja a Ecuador y, por informaciones proporcionadas por las autoridades ecuatorianas, se sabe que él y otro hombre, vinculado a organizaciones de narcotraficantes, se desplazan a Colombia. Víctor regresa el 31 de enero. Tres meses después vuelve a ponerse en contacto con Aurelio.

-P: Hola, amigacho. ¿Qué?

-A: ¿Qué tal? ¿Cómo vives?

-P: Jodido, pero bueno, voy ahí ahora. Voy a salir un momentito, por eso te llamo, por si estabas hasta la noche. Tarde no voy a llegar. ¡Oye!, ¡mira!, yo por el lado mío tengo todo arreglado, ¿eh? Estate tranquilo que... Es decir, que tú dale, si te apareciera algo. ¿Me explico?

-A: Ah, vale, yo estoy esperando a que este me dé una llamada.

Cambio de tercio. En mayo, Pedro Rodríguez, al mando del remolcador Titán Tercero, llama desde un teléfono marroquí a Rafael Díez. El alijo entra en su fase final.

-Pedro Rodríguez (R): Tengo varios remolques, ¿sabes? Pero el remolque tuyo me interesa más. No... ¿Me entiendes lo que te quiero decir?

-Rafael Díez (D): Claro, claro. Porque es de ida y vuelta, digo.

-R: Y coger los otros dos, entonces. Pero me lo tienes que decir en cuanto tengas el contrato en la mano, ¿eh?

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