Jacinto Santos: El hombre que infiltró sus barcos en la limpieza del chapapote del Prestige

Un histórico del negocio en la ría de Arousa

La Policía Nacional y el Servicio de Vigilancia Aduanera realizan la descarga del hachís encontrado en el Volga I en 1996
La Policía Nacional y el Servicio de Vigilancia Aduanera realizan la descarga del hachís encontrado en el Volga I en 1996
j. r. s. g. j. r.
vilagarcía / la voz vilagarcía / la voz

Jacinto Santos Viñas es un histórico del negocio en la ría de Arousa. Es cierto que las sentencias a menudo le han tratado mejor que las imputaciones policiales, y que no siempre las investigaciones han conducido a condenas a la altura de la categoría y las habilidades que se le atribuyen a este hombre. Pero haberlas, las ha habido. En especial la que lo envió a la sombra por su relación con el mayor alijo de hachís que jamás se haya interceptado en Galicia: las 36 toneladas que viajaban en las tripas del carguero panameño Volga I y fueron descubiertas en el puerto de Marín en enero de 1996.

Aquel alijo tendría que haber sido transportado por tierra desde Vigo hasta Ámsterdam. Sin embargo, el buque, que había zarpado del puerto marroquí de Asilah, acabó arribando a Marín. Lo hizo un viernes, jornada que por aquel entonces señalaba el final de las operaciones portuarias de la semana, motivando que los cerebros del alijo se desplazasen hasta la ría de Pontevedra. Así arrastraron tras de sí a las fuerzas de seguridad, que les seguían la pista. Por aquello, que constituyó todo un atrevimiento, pues nunca antes se había tanteado una vía comercial marítima -el barco trasladaba, teóricamente, noventa toneladas de harina de pescado- con un transporte de semejante calibre, le cayeron a Santos seis años de prisión. Un detalle. Al propio Laureano Oubiña le parecieron escasos, a la vista de su propia experiencia penal.

Nacido en Vilanova, Santos Viñas frecuentó también Vigo. De él se dice que aprendió el oficio con Falcón, en los lejanos tiempos del tabaco. Trabajó con remolcadores entre los puertos de A Coruña y Ferrol, descargando rubio de batea, hasta que decidió, como tantos otros, dar el salto a mercancías tan peligrosas como rentables. Merece la pena detenerse en otra de las operaciones por las que fue condenado. A finales del 2002, varios de sus barcos fueron detectados mientras recogían el chapapote del Prestige. Año y medio más tarde, aquello condujo a un alijo de media tonelada de cocaína.

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