El aseo de la discordia por fin funciona en la iglesia de Vilariño

Los vecinos, que recogieron firmas, llevaban esperando por los servicios desde el 2014


cambados / la voz

Cuatro años hicieron falta para poder disponer de un aseo público en la iglesia parroquial de Vilariño. Había el espacio para hacer la obra, había el dinero, pero faltaba la autorización del párroco. Hartos de esperar, la asociación de vecinos O Batuqueiro realizó el año pasado una recogida de firmas -consiguieron 867- y se las remitieron al Arzobispado de Santiago. Por fin consiguieron su objetivo.

Como si de una carretera o un pabellón se tratara, ayer también hubo acto inaugural en la parroquial de Vilariño, adonde acudieron el concejal de Obras e Servizos, José Ramón Abal, el presidente y la vicepresidenta de la asociación vecinal, José Rodríguez y Silvia Fernández, respectivamente, y tres sacerdotes: el párroco de Vilariño, Jesús González, Manuel Cachaldora y José Aldao.

Su presencia allí no era casual. Los dos últimos actuaron como mediadores a la hora de superar las reticencias que ponía su colega de Vilariño a la obra. Y lo lograron. No todos los vecinos lo percibieron de este modo pero, según don Jesús, «yo siempre he colaborado», indicó ayer ante los medios de comunicación. Pero la polémica parece agua pasada. Ayer todos se felicitaban a las puertas de la iglesia por un aseo que servirá, además, para dar servicio al cementerio. «Hoxe podemos estar todos contentos», indicó Abal.

Según explicó el concejal, la obra cumple con todos los requisitos de accesibilidad e sanitarios y tuvo un coste de casi seis mil euros, que se financiaron con fondos municipales. Los servicios se sitúan en el ala sur de la iglesia, en unos locales que se usaban como almacén y que se habilitaron para cumplir ambas funciones, mediante la construcción de un tabique divisorio.

Los parroquianos demandaban un aseo argumentando que se trata de un servicio fundamental para atender las necesidades de los feligreses, entre los que abundan las personas mayores. De hecho, esta carencia y la actitud del párroco, hizo que algunos emigraran a otras parroquias cercanas para asistir a misa.

Para las próximas fiestas patronales de San Adrián ya no habrá este problema.

Iglesia, Concello y asociación vecinal dan por superadas las discrepancias que generó la obra

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