Un ex guardia civil se desmarca de un alijo de 56 kilos y reconoce su relación con el furtivismo

Los acusados evitaron responder a las preguntas del fiscal


Pontevedra / La voz

No es extraña la investigación contra el narcotráfico en la que los policías o guardias civiles se encuentren con que los sospechosos emplean un lenguaje críptico para referirse a las transacciones. La operación que estos días se juzga en la Audiencia de Pontevedra y que permitió decomisar 56 kilos de heroína a bordo de un Porsche Cayenne parece que no fue la excepción.

Así, en la segunda jornada de esta vista oral, la UDYCO intervino unas conversaciones en las que uno de los acusados, Marcos Antonio G. B., dejó constancia de que «ya les pagué a los turcos». Ayer este guardia civil retirado Marcos Antonio G. B. aseguró que se refería a que complementaba su pensión con la comercialización en su furancho de vieras que le vendían unos furtivos que eran vecinos de Noia.

Añadió que su única relación con el principal acusado, Castor Manuel G. G., está relacionada con la compraventa de vehículos. Si con respecto a este último el fiscal lo considera como el líder de la rama gallega de la organización desmantelada en el 2016, con respecto a Marcos Antonio y José R. R. los calificó como el último eslabón. En ambos casos, y siguiendo la estrategia de Castor Manuel, evitaron contestar a las preguntas del fiscal y solo respondieron a las de sus abogados.

José R., por su parte, reconoció que en su vivienda se localizó una riñonera que contenía setenta mil euros en efectivo, si bien manifestó que tal hallazgo le sorprendió. No obstante, recordó que a su pareja le había tocado la Bonoloto, por lo que imaginó que sería el dinero del premio.

Versión policial

A falta de que el juicio encare su recta final, este miércoles comparecieron algunos de los policías que llevaron a cabo esta investigación. Explicaron que, como consecuencia de las vigilancias, seguimientos y escuchas telefónicas, concluyeron que Castor Manuel y su esposa María del Carmen C. D. mantenían un nivel de vida incompatible con sus supuestos ingresos que, según aseguró el matrimonio, procedía de la venta de coches. En este sentido, aludieron a los viajes que realizaban a distintos puntos del territorio nacional, así como al extranjero. En concreto, se refirieron a Turquia, «una de las grandes potencias en el tráfico de heroína».

De igual modo, refirieron que era habitual que utilizara medidas de contravigilancia o de seguridad, así como empleaba móviles portugueses.

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