Una alfombrista con un Senado a sus espaldas

Merchy Cochón tira del carro de un grupo de vecinas de Cerponzóns que engalanan el Corpus y que son las «senadoras»


pontevedra / la voz

Merchy Cochón Viéitez, Merchiña, tiene un enorme peso a sus espaldas. Ella, con sus 28 años y enorme entusiasmo, es la cabeza visible de todo un Senado. ¿Les suena a broma? Pues no lo es. Hace años que don Manuel, el párroco de Cerponzóns, bautizó el grupo de vecinas que confeccionan las alfombras florales del Corpus en la parroquia como «las señoras del Senado». Pues Merchiña, que es la más joven de todas esas artistas de la flor, la que se encarga de hacer los dibujos a ras de suelo, tiene tras sí a ese Senado. Ahora mismo, faltando poco más de un mes para el Corpus, el grupo está en plena faena, cortando flor y urdiendo diseños. Merchiña se quita méritos y dice que todo es labor de equipo. Que ella, sin el resto, sin el Senado, sería un cero a la izquierda en cuestión de flores.

A Merchiña la cosa le viene de familia. De pequeña ya andaba metida en el fregado de las alfombras del Corpus gracias a una tía y a su abuela. Le cogió el gustillo enseguida. Y el día que don Manuel le preguntó si podía echar una mano porque había poco relevo generacional decidió dar un paso al frente. «Xa me metín a traballar coas demais e pouco a pouco fun facendo tamén os debuxos», explica. Hace cuatro años que es la diseñadora de todos los dibujos florales. ¿De dónde saca la inspiración? Se ríe e indica: «Tiñas que preguntarlle aos meus amigos, que din que estou tola porque eu en calquera sitio podo atopar un debuxo, igual no chan, igual nun monumento... alá onde vexo algo sácolle unha foto para logo intentar facelo», explica. La cara se le ilumina al hablar de hacer bocetos, de pintar sobre las calles con tiza para luego, si ve que quedan bien, repasarlos con pintura y finalmente cubrirlos con flores. «De verdade que busco inspiración en todas partes, ata o outro día miña nai tiña unha pañoleta na casa, mireina, estireina e dixen... ten un debuxo para facer como alfombra precioso», añade.

Desde febrero a junio

Merchiña reconoce que lo de las alfombras, hoy por hoy, es cosa de gente mayor. «

Moitos mozos non hai, non. Aínda que a noite de facelas si logramos que veñan axudar»

, asume. Pero a ella le da un poco igual. Además de que es religiosa y se siente a gusto colaborando con la parroquia, dice que se lo pasa divinamente con su Senado.

«Empezamos en febreiro ou marzo e ata xuño que chega o Corpus botamos todas as fins de semana traballando. Temos ocupada toda a casa do pobo coas flores. Imos ao monte, cortamos, limpamos, moemos... facemos de todo. Pero sobre todo pasámolo moi, moi ben, alí falamos de todo»

, afirma. Cuenta que de cuando en vez sus compañeras -indica que también hay un varón, Joaquín, que les ayuda- le dicen que apunta muy alto, con diseños muy difíciles, pero ella se encarga de animar al personal:

«Cada ano sempre nos parece que non as imos dar feito, que é moito, que non sei que... e ao final sempre damos conta do recado. Non por min, que eu non son ninguén, senón por todas as señoras que van ao monte e que traballan. As máis maiores, as de oitenta anos, son as primeiras en que non teñen reparo en facer o que sexa

», insiste.

Esos días ella está dedicada plenamente al asunto floral. Y es que justo tiene vacaciones de su puesto de trabajo. Porque ella en realidad es cocinera. Dice que la cocina, como las alfombras, también es algo que la persigue desde niña. En su casa pusieron algunas reticencias cuando dijo que quería hacer un ciclo de Hostelería. «Decían que iso era moi sufrido, que estudara outra cousa», indicaba. Pero al final se fue al Carlos Oroza a hacer lo que le pedía el cuerpo. Y cree que acertó. Nunca le faltó trabajo y disfruta entre los fogones. Le gusta la tradición, los platos donde manda la materia prima, aunque no se atreve todavía a ponerse manos a la obra con el plato fetiche de su abuela, un guiso de caballa con patatas y guisantes. Se acuerda del sabor del menú, se acuerda de su abuela y se emociona. Luego, vuelve a las alfombras y a las anécdotas. Cuenta que ella y el Senado no dejan de discurrir. Hacen experimentos que a veces salen bien y otras acaban en la basura. Pero han descubierto grandes cosas. Revela una de ellas: «O carrasco é unha especie que queda preciosa, pero sae só en xuño. Cando sae imos por ela e conxelámola para o ano seguinte».

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