Gustavo César Veloso: «El ciclismo es hoy conformista»

El «Papá» del pelotón gallego, que ha subido al Olimpo y bajado al Tártaro, es sabiduría, y generosidad

El ciclista Gustavo César Veloso
El ciclista Gustavo César Veloso

De llegada tardía al ciclismo, Gustavo César Veloso (Vilagarcía, 29/I/1980) lleva 18 años asentado en el pelotón profesional. En su extensa hoja de servicios, la victoria en la general de la Volta a Catalunya 2008 y una etapa en la Vuelta a España 2009, cinco Vueltas a España y un Giro disputados, o diez etapas y dos generales ganadas en la Volta a Portugal. Sin este país Veloso «no sería ciclista», confiesa un gallegohablante que intenta devolver una pequeña parte de lo recibido con la deferencia de quien se dirige a sus aficionados en su propio idioma, el portugués. Otra razón más de su condición de ídolo del ciclismo a los dos lados del Miño.

-Entre el ciclismo gallego lo conocen como Papá Veloso. Viendo cómo se maneja en el pelotón, no sé si el mejor calificativo para usted sería el de O Raposo Veloso...

-En Galicia soy Papá Veloso. En Portugal, O Velhote, porque soy el más veterano. No. No. Lo de zorro tiene un toque de inteligencia pero... Digamos que yo soy demasiado honesto. En Portugal me llaman también Capitán, porque manejo el equipo a nivel estratégico, lo gestiono en carrera. Hay momentos en los que se producen abanicos, en los que se debe decidir si se echa o no abajo una fuga... y cuando no hay tiempo para esperar a que llegue el director yo tomo las decisiones. Eso es lo que significa ser el líder del equipo. Otra cosa es el jefe de filas. El líder es el que consigue sacarle el máximo rendimiento a un grupo, mantenerlo unido; el jefe de filas, el que tiene más opciones de disputar la carrera. La gente muchas veces confunde ambos.

-Después de 18 años en el pelotón profesional, próximo a cumplir los 40, ¿sabe Veloso de ciclismo más por viejo, que por Veloso?

-Pues mira, sinceramente, hay días en los que pienso que cada vez sé menos de ciclismo. Veo cosas en carrera en etapas de La Vuelta, o el Giro... que no entiendo. En vez de sacrificar al cuarto clasificado para intentar ganar la general con el segundo, los equipos prefieren asegurar el cuarto y el segundo puestos. La gente cada vez es más conformista. Los corredores. Y los equipos. Antes cuando alguien tenía que arriesgar a arrancar a 50 kilómetros de meta para intentar ser primero, lo hacía aún pudiendo perder lo que tenía. Ahora hay gente que quiere ganar un Tour en los dos últimos kilómetros de una etapa. Los equipos ahora hacen cosas ilógicas. O simplemente no les preguntan a los corredores qué piensan. Antiguamente la opinión de los corredores tenía más peso en el ciclismo. El ciclista cada vez es más el último mono. Después de 18 años subido a una bicicleta en el pelotón profesional, algo sabré. Y sigo aprendiendo. Lo que más ha aprendido con los años es a mantener la calma, a ante las dificultades, no ponerte nervioso. A entender que hay momentos en los que otros están mejor que tú. No eres tan catastrofista, aprendes a gozar más.

-No le duelen prendas en servir de gregario en una Volta a Portugal con el dorsal 1 a la espalda, es el primero en felicitar a quien le levanta una general... Y fuera de la carretera, acude a la llamada de cuanto colegio y asociación lo reclama. No sé si usted será en el futuro el perfecto director de equipo, presidente de federación o alcalde de su pueblo...

-¡Ummm....! Creo que ninguna de esas cosas. Yo hago lo que hago por mi modo de ver la vida. Creo que las personas tenemos que dar y que recibir. Lo hago por convicción. No por llegar a ser el alcalde de mi pueblo.

-Compañero de Valverde en el Mundial Sub-23 de Plouay, y dos carreras tan diferentes. ¿En el ciclismo el tiempo pone a cada en su sitio, o es cosa de padrinos?

-Ese Mundial me abrió las puertas al profesionalismo. En el ciclismo, quien no anda, por mucho padrino que tenga, desaparece en unos años. Pero también hace falta un poco de suerte. En tus mismas decisiones de ir a un equipo o a otro. Si yo me tuviese ido del Xacobeo Galicia antes de que desapareciera, a lo mejor ahora estaría corriendo en un UCI World Tour. Yo ya no tengo nada que demostrar. Llevo 18 años en el pelotón profesional, y con victorias toda la vida. Cuando estuve en equipos de primer nivel, gané carreras de primer nivel. No estuve en el momento oportuno en el lugar oportuno. Si con 25-27 años caigo en un equipo grande, a lo mejor seguiría allí; o no. Tuve que comenzar en algún momento de cero, y eso me ayudó a ser mejor persona, a entender las cosas mejor, y a ser mejor ciclista. Las cosas en la vida pasan por algo.

-¡Ay, Xacobeo Galicia!

-Sí. A ver. Yo cuando recuerdo el Xacobeo tengo unha sensación agridulce. Por un lado recuerdo la suerte que tuve al correr en un equipo gallego, subir a un podio de la Vuelta a Epaña con un equipo gallego, ver a toda la afición gallega apoyando al equipo; ver etapas donde todo era azul y blanco... Eso fue un sueño hecho realidad. Pero ese sueño también se tornó en pesadilla. El mismo que le dio la oportunidad a muchos ciclistas, se la retiró. Yo volví a engancharme al tren en el último vagón. Pero hubo mucha gente de calidad que se quedó en el camino. Pero esto es así. La vida no es fácil para nadie. Para los ciclistas tampoco.

-Merckx, Anquetil, Hinault, Indurain. También puede elegir un comodín...

-Yo soy ciclista por culpa de Indurain. Crecí con los Tours de Indurain, y flipaba con Indurain. Para mí es un ídolo, con y sin bicicleta. Pero para mí el mejor ciclista de todos los tiempos es Merckx.

-¿Se atrevería a hacer una gran vuelta al estilo épico de los padres fundadores del ciclismo de competición, corriendo de noche, sin coches de apoyo...?

-Antiguamente en el Tour había etapas de 500 kilómetros. Si te rompía la bicicleta tenían que ir al herrero a repararla. Era como un París-Dakar de los de antes, en bicicleta. ¿Hacer algo así yo? ¿Por qué no? Si tuviera necesidad de hacerlo, me atrevería. Hacer eso no me da miedo. Ahora, no es algo que me llame.

-¿Queda algo de ese viejo romanticismo en el ciclismo?

-Sí. Sí. Sí que queda. Al final la gente solo ve las competiciones. Pero el entrenamiento sigue siendo romántico. Al final hay que ser un romántico para ser un ciclista. Si no quién va a salir a entrenarse en invierno con 4-5 grados, y con 40 en verano a subir puertos en bicicleta. Hay que tener un punto de romanticismo y de locura. Para ser ciclista tienes que tener vocación.

-Y a un romántico como Veloso ¿cuánta cadena le queda?

-Yo siempre me pongo objetivos que considero alcanzables. Ahora mismo tengo dos. Llegar como profesional a los 20 años, algo que creo al alcance de pocos. E intentar ganar otra vez la Volta a Portugal; tengo tres años para conseguirlo.

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