O Mulo, al banquillo de la Audiencia por la tonelada de coca del «Coral I»

La red de Rafael Bugallo construyó una planeadora que simulaba ser un pesquero


Pontevedra / La voz

A principios de semana José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, volvía a caer en una operación antidroga. Hace escasas semanas, otro histórico narco arousano, Rafael Bugallo Piñeiro, O Mulo, era condenado a ocho años y medio por orquestar un alijo de 3,6 toneladas de cocaína que se frustró y terminó con la planeadora ardiendo en la playa de A Lanzada. En sus comienzos, la vida de uno y otro se cruzaron.

En agosto del 2008, la policía desmanteló la organización de Bugallo Piñeiro, pero este se sobrepuso. No pasó mucho tiempo hasta que volvió a liderar el que la policía consideró como la red de narcotransportistas más prolífica de las Rías Baixas. Disponía de toda una estructura en la que él se ocupaba del más mínimo detalle. Incluso, de dirigir la construcción de las embarcaciones que emplearía para alijar las partidas de coca. Así, al menos, es lo que mantiene la Fiscalía Antidroga de Pontevedra de cara al juicio que se va a celebrar el próximo mes de mayo en la Audiencia Provincial.

Otra vez al frente

De este modo, apenas seis años después de que las imágenes de los bañistas rodeando una planeadora en llamas hubieran dado la vuelta a España, O Mulo volvía a estar al frente de «una organización criminal» que contaba «con diversos medios especialmente complejos y específicos para el tráfico de drogas». Además de destacar que «se rodeaba de numerosas y complejas medidas de seguridad para evitar el control policial», el ministerio público reseña que la rama sudamericana se ocupaba de proveer la droga y la gallega era la «encargada de hacer entrar la cocaína en la Unión Europea».

Así, en marzo del 2014, Bugallo Piñeiro se había rodeado de nuevos rostros, entre los que destaca el «considerado como su mano derecha», el chileno Jaime Iván Bolados Geraldo, o el ya fallecido Jorge Iván Salazar Castaño, «representante en España de la rama sudamericana de la organización exportadora de la cocaína». Su modus operandi, el habitual de los clanes que utilizan la ruta atlántica: transbordar los estupefacientes en alta mar desde la embarcación que había partido de un puerto sudamericano a una segunda nave que acercase el alijo hasta el litoral gallego.

De cara a esta última fase de la operación, O Mulo demostró el porqué de su fama como uno de los mejores lancheros de las Rías Baixas. Durante casi un año, la organización trabajó en una nave industrial alquilada en Cabana de Bergantiños en la construcción de una planeadora única, una lancha rápida a la que hicieron una serie de modificaciones «para que aparentara ser un buque pesquero». De este modo, el híbrido podía «recorrer grandes distancias en el mar a altas velocidades», al tiempo que pasaría desapercibida a ojos de las fuerzas y cuerpos de seguridad.

Operación Visillo

Con lo que no contaba entonces es que la Policía Nacional y la Agencia Tributaria le seguían ya los pasos. Gracias a las conversaciones de radio se pudo establecer el punto geográfico en el que se encontraba el Coral I, lo que posibilitó su abordaje. En la bodega de popa se localizaron 49 fardos de cocaína, 1.245 kilos de droga que tendría un valor en el mercado ilícito de 59.354 euros. Era la víspera del Día de Reyes del 2015 y la operación Visillo no había hecho más que comenzar.

Casi simultáneamente se sucedieron las detenciones. Los primeros en caer fueron los nueve tripulantes del barco, todos ellos de nacionalidad venezolana, y a los que siguieron el resto de procesados.

Los investigadores localizaron a O Mulo, que estaba en libertad condicional a la espera de celebrarse el juicio por el alijo fallido de A Lanzada, «en un zulo de su propio domicilio en el que se escondía», recalcaron desde la Policía Nacional.

No fue la única sorpresa que deparó esta casa a los agentes. En un registro localizaron una carta manuscrita del propio Rafael Bugallo con todos los detalles de la descarga frustrada del verano del 2008, incluidos los nombres de algunos de sus socios de aquella.

El fiscal solicita veinticuatro años para el cambadés

De cara al juicio que se celebrará en unos meses, el fiscal solicita para Rafael Bugallo doce años y 425 millones de euros en multas por un delito contra la salud pública, así como diez años por dirigir una organización criminal y dos años por la pistola con silenciador que se localizó en su domicilio. En cuanto a su mano derecha, Jaime Iván Bolados, así como para el resto de los quince encausados, entre los que están los nueve tripulantes del Coral I, se pide la misma pena de prisión y sanciones económicas por el delito contra la salud pública y siete años y medio por un segundo cargo de integración en organización criminal.

De igual modo, se insta a que, de forma conjunta y solidaria, los acusados indemnicen a la Agencia Tributaria con 238.995 euros «como resarcimiento de los gastos ocasionados». En concreto, la Fiscalía de Pontevedra alude a los costes por «la aprehensión y traslado a puerto del buque Coral I», pero también los derivados del «aseguramiento y traslado al puerto de A Coruña para su liquidación de la embarcación aprehendida en la nave industrial» de Cabana de Bergantiños.

De pelucas y blanqueo

Asimismo, se solicita el decomiso y adjudicación al Fondo del Plan Nacional contra la Droga de tres vehículos, multitud de teléfonos móviles, tablets y más de 115.000 euros en efectivo intervenidos en la operación. También se decomisaron un par de pelucas y documentos de identidad, carnés de conducir y pasaportes a nombre de tres personas distintas que fueron hallados en casa de O Mulo y que este, supuestamente, utilizaba para tratar de dar esquinazo a la policía.

Este juicio no es el único que tiene pendiente en la Audiencia de Pontevedra. Así, está previsto que este año tenga que hacer frente a una petición de, presumiblemente, cinco años de cárcel por blanqueo de capitales.

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