«Las ballenas se cazaban en Galicia»

En las salas de exposición del museo se mantiene vivo el recuerdo de la caza de cetáceos por barcos gallegos


bueu / la voz

El avistamiento hace tan solo unos días de una ballena azul cerca de Ons ha revolucionado al mundo científico gallego y ha despertado el interés del público en general. Covadonga López dirige uno de los museos marítimos gallegos, el Massó, en Bueu, donde hay una sección específica sobre la caza de ballenas.

-¿Desde qué época está registrada esta actividad en las Rías Baixas?

-En la costa gallega está documentada la caza de la ballena desde que fue introducida en torno al siglo XII por los vascos. Ellos la monopolizaron durante toda la Edad Media. Los puertos balleneros gallegos más antiguos son Priorio en A Coruña y San Cibrao y Bares en Lugo. Otros puertos de tradición ballenera muy activos hasta el siglo XVII fueron Caión, cabo Morás y Rinlo. En las Rías Baixas no cabe duda que también se desarrolló esta actividad y el topónimo de Balea en Cangas puede ser un indicio de que esta fue otra zona histórica de caza ballenera.

-¿Qué peso tuvo la actividad ballenera en la comarca antes de la llegada de los Massó?

-Poca, ya que cuando en 1924 las empresas noruegas comienzan a establecer factorías en el entorno del Estrecho de Gibraltar con las nuevas técnicas de explotación, Caneliñas en Cee (A Coruña) será la única factoría en territorio gallego. Por esas fechas, y hasta el cese total de la actividad de estas factorías en 1927 debido a la sobreexplotación de los recursos, el buque factoría Rey Alfonso de la empresa Wrangell desarrollará su actividad de forma itinerante en las rías de Vigo y Corcubión.

-¿Había más factorías balleneras en O Morrazo o en la ría de Pontevedra aparte de la de Balea en Cangas?

-Cuando en 1955 la empresa Massó pone en funcionamiento la factoría de Balea en Cangas está será la primera y única factoría ballenera establecida en la provincia de Pontevedra. Todavía hoy podemos ver el edificio con la chimenea de ladrillo dentro del esplendido complejo conservero Massó de Cangas.

-¿Por qué los Massó, que tenían tanta fama con las conservas, incluyen la caza y aprovechamiento de ballenas en su actividad comercial?

-Gaspar Massó vio una oportunidad para ampliar el negocio hacia ese sector en un momento en el que otra empresa gallega, Industrias Balleneras S.A. (IBSA) estaba reflotando con éxito la factoría de Caneliñas. Entonces adquirió a precio de ganga los buques y el equipamiento de las factorías de Algeciras y Ceuta, que ya estaban inactivas, para equipar primero la factoría de Balea y unos años más tarde, en 1965, poner en funcionamiento la de cabo Morás (Xove-Lugo). Galicia, con las tres únicas factorías balleneras en activo, se presentaba como la última potencia ballenera de la península Ibérica.

-¿Qué especies se capturaban y dónde?

-Fundamentalmente cazaban rorcual común y lo hacían a pocas millas de la costa gallega.

-¿Cómo fue cambiando el escenario marítimo de la caza a lo largo de los años?

-Desde que en la Edad Media los vascos cazaban la ballena franca desde pequeñas chalupas con arpón de mano, el panorama no cambió mucho hasta finales del siglo XIX. Las potencias balleneras se fueron sucediendo y después de los vascos, en el siglo XVII se impuso la flota ballenera holandesa, en el siglo XVIII la inglesa y en el XIX, los estadounidenses serán los que tendrán prácticamente el monopolio de esta actividad. El panorama cambia radicalmente cuando a finales del siglo XIX el noruego Svend Foyn inventa un cañón que dispara arpones explosivos y adapta el buque de vapor poniendo fin a la pesca con arpón lanzado a mano. En las tres décadas siguientes Noruega se impone como nueva potencia ballenera diezmando la población de grandes cetáceos con un sistema de explotación intensivo.

-En el resto de la flota pesquera, ¿había recelo hacia la actividad ballenera?

-No, no había ningún conflicto con el sector pesquero ya que no competían en el mercado. La producción de las factorías tenía un destino muy diferente al de la pesca.

-¿Cómo fue evolucionando esta pesquería a lo largo de los años y cómo fue declinando?

-Hasta finales del siglo XIX se aprovechaba sobre todo la grasa para la obtención de aceite para las lámparas. Una vez implantada la energía eléctrica, el destino principal de la grasa será la industria alimentaria, la fabricación de jabones y el empleo como lubricante. Las barbas de la ballena serán hasta la aparición del plástico el material más flexible, empleado para confeccionar corsés, paraguas o amortiguadores y fustas para los coches de caballos, mientras que el llamado «esperma de ballena», un aceite muy rico en ceras extraído de la cabeza del cachalote, se empleaba en la fabricación de velas y pomadas y el ámbar gris, una concreción que se formaba en el intestino del cachalote, se destinaba a la industria del perfume, con un valor equivalente al del oro. En la década de 1970 el mercado japonés pone su atención en la carne de ballena de las factorías gallegas, siendo ésta, la última etapa de las balleneras, la que proporcionó más beneficios. El final de esta industria vino determinado porque cambió la percepción que la sociedad tenía sobre la caza de la ballena y muchos países comenzaron a exigir su interrupción. Así se llega a la firma de un tratado internacional que entra en vigor en 1985 y se cierra el último capítulo, con la clausura de las factorías gallegas de Cangas y Caneliñas, de la industria ballenera en la península Ibérica.

-En el momento de la prohibición de la caza de ballena, ¿quedaba activo algún barco todavía en las Rías Baixas? ¿Se seguía aún fabricando algún producto para su comercialización desde Galicia?

-Cuando en 1985 entra en vigor la moratoria internacional estaban activas las factorías de Cangas y Caneliñas unificadas bajo las siglas de IBSA, con los dos buques balleneros que habían sobrevivido al ataque con bombas de un grupo ecologista de 1980 cuando la flota ballenera estaba atracada en el puerto de Marín. En estos momentos las factorías comercializaban toda la producción de carne de ballena en el mercado japonés, con un alto rendimiento de beneficios.

«Las barbas de ballena eran hasta la aparición del plástico el material más flexible»

«En 1980 las factorías gallegas comercializaban su producción en el mercado japonés»

«Lo que más impacta al visitante de la sala ballenera es el cañón arponero»

Parte de la economía de O Morrazo giró en torno a la actividad ballenera durante varias décadas del siglo XX.

-¿Qué queda de aquel mundo en la provincia?

-En Cangas esta actividad forma parte de la memoria colectiva y es por lo tanto un patrimonio que merece ser puesto en valor. La factoría de Balea puede ser la única que se conserve en toda la península y la que tiene un mayor potencial a nivel cultural por su localización. Por otra parte el Museo Massó que depende de la Xunta conserva la única colección museística dedicada a esta actividad con utensilios, documentos y fotografías procedentes de la empresa Massó, tanto de la fase de la caza como del procesamiento. Una colección y archivo que está en constante crecimiento con nuevas adquisiciones.

-¿Qué aporta el Massó al conocimiento y difusión de esta actividad en Galicia?

-A parte de conservar una colección única, gracias a la iniciativa de la familia Massó que iban incorporando a su museo privado los utensilios de la conservera y de la ballenera que quedaban en desuso, nuestra obligación es impulsar el conocimiento de esta actividad histórica y hacerlo llegar a toda la sociedad. En la exposición permanente tiene siempre reservado un espacio especifico y en 2015 inauguramos una exposición temporal de larga duración De Punta Balea a Cabo Morás. A caza moderna da balea en Galicia que permanecerá abierta hasta el verano de 2018, para la cual contamos con la colaboración de Álex Aguilar, autor de una tesis doctoral sobre la factorías balleneras españolas y de la publicación Chimán. La pesca ballenera moderna en la península Ibérica. Además de conferencias y talleres para escolares centrados en este tema, todo el complejo industrial Massó de Cangas que forma parte hoy de una ruta cultural única del patrimonio industrial marítimo, está integrada en el programa de difusión y educación patrimonial desarrollado por el Museo Massó O Museo de Portas para Afora.

-¿¿En qué debe fijarse un visitante a la sala de ballenas del Massó? ¿Cuáles son las piezas más relevantes que se exponen?

-Lo que más impacta al visitante es el cañón arponero y los vídeos con filmaciones de la caza y el desguace del animal en la factoría de Cangas, aunque yo tengo preferencia por el fondo fotográfico donde la gente que trabajaba en este sector cobra todo su protagonismo.

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