La ingeniera feliz que ayuda dando clases gratis

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

AROUSA

RAMON LEIRO

Elena colabora con Meniños y ofrece apoyo escolar a niños o adolescentes de familias en riesgo de exclusión

14 ene 2017 . Actualizado a las 12:07 h.

Cantaba un desenfadado Loquillo que él para ser feliz le bastaba con un camión. Y creería el roquero que era poco. Pues debe saber que hay quien se conforma con bastante menos, quien asegura que no le hace falta prácticamente de nada para «ser muy feliz». Esa es Elena Español, una viguesa afincada desde hace muchos años en Pontevedra cuya vida daría para varias decenas de titulares. Porque todo en ella es bastante especial, irreverente incluso. Se queda con ella para una entrevista a cuenta de que es voluntaria de Redeaxuda. Concretamente, colabora con Meniños, dando clases de forma gratuita a niños o adolescentes de familias en riesgo de exclusión. Pero la charla no se queda ahí. ¿Quién no querría saber más de la vida de una mujer que empieza contando que a los dos años se marchó a dar una vuelta en solitario por su calle del centro de Vigo, mientras su madre buscaba desesperada a la bebé que todavía era?

La anécdota de esa traviesa Elena nos sirve para que empiece a contar su historia, que tiene mucho que ver con la de su familia. Porque la madre de Elena, aunque seguramente entró en pánico cuando ella se marchó a explorar a los dos años, no la recibió ni con gritos ni con una reprimenda. Lo dejó pasar. Como si no quisiese cortarle las alas a la pequeñuela. Eso sí, le puso un pestillo alto a la puerta. Cuando ella logró encaramarse para abrirlo, la madre decidió que había llegado la hora de sentar a Elena al piano «para evitar que siguiera haciendo travesuras». Eso le hizo descubrir la música que ya tocaba buena parte de su familia y aprender a ser disciplinada. «Cuando tocas, ves que si repites una cosa una y otra vez te acaba saliendo, es una disciplina. Si eso lo aplicas a otras materias de estudio, lo tienes hecho también».

Investigadora en distintos sitios

Aunque insiste en que fue traviesa y que se dejó seducir por la movida, Elena fue también una buena estudiante. De las que podían salir hasta las tantas -agradece infinito que nunca le pusieran trabas para hacerlo, que la libertad fuese una asignatura obligatoria en su familia- pero luego aprobaba sin problemas. Estudió con becas Biología e Ingeniería Química. Hizo una tesina sobre el besugo. Y fue investigadora en diversos ámbitos. Por ejemplo, estuvo en Alemania y Canadá con un proyecto de biología molecular. Cuando se marchó al país germano, para el que solo tiene buenas palabras, se fue dejando aquí a su marido y «con treinta lecciones de alemán de Planeta Agostini, nada más». Estudió el idioma y, como ella dice, dio «cuenta del recado». En su currículo figura también el paso por empresas como Elnosa o Ence, donde se encargó de las evaluaciones de impacto ambiental. Y el haber trabajado en el Centro de Investigación Forestal de Lourizán, con un proyecto sobre los árboles más resistentes al frío.

Desde hace un tiempo Elena es autónoma. ¿Qué hace? Diseña jardines y elabora restauraciones paisajísticas. Eso, dentro de lo que sería su horario laboral. Fuera, un mundo de cosas. Desde mermelada de camelia a calceta pasando por las reivindicaciones de todo tipo. Sí. Hay que decirlo así. Porque Elena ejerce de rebelde. No mira para otro lado en cuanto algo no le gusta. Veamos un ejemplo. Cuenta que donde vive escuchaba ensayar a una pianista. Y que otros vecinos protestaban por el ruido. Ella se encargó de hacerles callar. Gritó por el patio que la música era arte, que era paz. Hay muchos más casos. Para al alcalde, a Lores, por la calle para insistirle en cosas que hay que cambiar en Pontevedra. E incluso se metió en política: está en UPyD.