Los refugiados sirios de Marín rehacen sus vidas

Abandonaron a primera hora de la tarde de ayer el mercante


pontevedra / la voz

Los siete refugiados sirios del Lady Boss abandonaron ayer a primera hora de la tarde el mercante atracado en el puerto de Marín para coger un tren en Pontevedra. Su siguiente parada fue A Coruña, donde la asociación Accem se hizo cargo de ellos, en el marco del programa de acogida respaldado por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Accem se ocupará de ellos los primeros días de su estancia en tierra. Una portavoz de este colectivo explicó, en una reciente visita a Marín para interesarse por este caso, que en situaciones como la de los tripulantes del Lady Boss, desde Accem se facilita alojamiento, manutención y asesoramiento jurídico, con el apoyo también de un profesor.

La ciudad herculina es su referencia actual porque es la sede central de esta oenegé en Galicia. Sin embargo, es probable que en las próximas semanas se distribuyan por distintos lugares del Estado, mientras rehacen sus vidas. Cada seis meses renovarán su tarjeta roja, el permiso temporal de estancia en España como refugiados, hasta que Interior resuelva sus peticiones de asilo político. Los siete alegaron para demandar la intervención estatal el hecho de que si regresaban a Siria serían reclutados a la fuerza o incluso asesinados como consecuencia de la guerra civil que se libra en este país de Oriente Medio.

Este grupo de refugiados tiene la tarjeta roja en sus manos desde el pasado viernes por la mañana. Sin embargo, decidieron seguir a bordo de su barco porque el armador les adeudaba salarios. La intervención del sindicato internacional del transporte (ITF) fue vital para desatascar el conflicto de esta deuda. Por cuestiones

burocráticas y aunque el armador hizo la transferencia bancaria el viernes, el dinero f solo se les pudo entregar hoy, momento en que los siete cogieron sus pertenencias y se bajaron del barco.

A su llegada a la estación de Pontevedra, a todos se les veía muchísimo más relajados. Por primera vez en muchos días, todos sonrieron ante las cámaras y se mostraban curiosos sobre todo lo que veían, el viaje hasta A Coruña y cuestiones parecidas. «Gracias por quedarnos en España», sostenía Mohamed, uno de los pocos que sabe alguna palabra de inglés y que conseguía hilvanar alguna frase sencilla usando el traductor de Google. El convoy paró. Cada uno cogió sus maletas y antes de hacer una fila para subirse al vagón, aún hubo unos segundos para sonreír y volver a pronunciar «shukraan», «gracias» en árabe. Las puertas se cerraron y el tren emprendió su marcha. Para ellos, una nueva oportunidad se abre en el horizonte.

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