Enrolarse hacia un país en guerra

Cuatro rumanos suplen a los refugiados del «Lady Boss» en su ruta de Marín a Siria


marín / la voz

El Lady Boss levará anclas del puerto de Marín presumiblemente a lo largo de esta jornada. Siete de sus tripulantes no seguirán dentro del barco cuando el mercante abandone la ría. Tres mecánicos, dos marineros, el cocinero y el contramaestre reharán sus vidas en España después de conseguir que Madrid aceptase tramitar su solicitud de asilo político. Su barco continuará rumbo sur hacia Cartagena, último puerto de la UE que tocará antes de adentrarse en el Mediterráneo. Su destino final: Siria, un país desgarrado por una guerra civil.

Fue precisamente la gravedad de la contienda armada la razón que llevó a los siete tripulantes citados a pedir el asilo político en cuanto tocaron puerto en España. Cuando supieron que el buque seguiría hacia Siria, no se lo pensaron más, y se acogieron al derecho de asilo. No quieren regresar porque temen ser alistados para la guerra nada más llegar o incluso exponerse a ser pasados por las armas al eludir el reclutamiento hace tres años.

Sus vacantes en el Lady Boss ya están ocupadas. No en todos los casos, pero sí en número suficiente para que la dotación del mercante pueda ser operativa en su navegación hacia Oriente Medio. Cuatro trabajadores están a bordo desde el pasado viernes. Son todos ellos de nacionalidad rumana. Stefan es uno de ellos. Lleva una zamarra con capucha con la que se protege del frío y de la lluvia que cae casi sin descanso desde el domingo. A diferencia de los refugiados sirios, que apenas saben algunas palabras de inglés y usan el móvil para traducir del árabe, Stefan habla un inglés perfecto. «Vinimos desde Rumanía a Marín», precisa.

Para este joven, mecánico de profesión, un trabajo es un trabajo. El destino final del barco, que se dirige a un país en guerra, no le inquieta. «¿No tiene miedo de ir a un país donde se libra una guerra civil?», pregunta el periodista. «No, ningún miedo», explica. Se le ve relajado al responder. Confía en que el barco pueda hacerse a la mar cuanto antes. A bordo del barco todavía quedan algunos tripulantes sirios que ni pidieron asilo ni desembarcarán en Marín o en Cartagena. Stefan sostiene que se comunica bastante bien con sus compañeros sirios y cree que todo irá bien.

Otro de los rumanos embarcados, también joven, domina igualmente el inglés. Como Stefan vino desde su país a España y se integró en la dotación del Lady Boss. «Nos vamos mañana», recalca, a la vez que coincide con su compañero en que ir, por vía marítima, a un país en guerra como Siria, no le asusta.

Resuelto el problema de los siete tripulantes refugiados, el Lady Boss sigue sin poder salir al mar hasta que el armador pague a sus trabajadores sirios los salarios que les adeuda. En este sentido, la portavoz del sindicato internacional del transporte ITF, Luz Baz, manifestó que la transferencia bancaria ya está hecha pero falta que el consignatario pague ese dinero a los tripulantes. Mientras eso no ocurra, el barco seguirá detenido en aplicación al convenio marítimo internacional París Mou.

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