Haciendo de la peluquería un verdadero arte

Irene Aragunde fue la única gallega que se midió a ingleses, japoneses, italianos y chinos en la Madrid Fashion Week Cibeles


cambados / la voz

La vida de la cambadesa Irene Aragunde está dando un giro de 180 grados. A los 18 años apostó por un ciclo de artes gráficas para lanzarse a un mercado laboral al que le dedicó cerca de diez años. Cuando las cosas se complicaron, decidió aprovechar sus dos años de paro para reinventarse y darse una nueva oportunidad en otro sector que siempre despertó su interés: se matriculó en el centro de formación profesional Instituto París, de Pontevedra, donde no le pusieron ningún problema para hacer dos años en uno. Si hay algo que tiene claro a sus 32 años es que no quiere perder el tiempo. «Aunque fue un poco de sorpresa, me apasiona y quiero tirar para adelante», afirma sobre los trabajos de peluquería, estética y maquillaje que le llevaron a participar el pasado fin de semana en la Gala Internacional de Jóvenes Promesas de la Pasarela Hair Lool, que se celebra en el escenario de la Madrid Fashion Week Cibeles.

Descubrió la gala ojeando la página web de la fundación que la planifica, Organización Mundial de Artes y Técnica (OMAT), que presenta el trabajo de futuros peluqueros y esteticistas de todo el mundo. Junto a alumnos ingleses, japoneses, chinos o italianos, fue la única gallega que se subió sobre el escenario para presentar el peinado de fantasía que bautizó bajo el nombre de El cisne negro. «Nos inspiramos en su elegancia», cuenta sobre el recogido que preparó en los ensayos junto a su profesora Ángeles Lugo. Lo hizo muchas veces, antes de llegar a la versión definitiva. «Partí de una idea sobre la que fui improvisando», indica. Varias compañeras le sirvieron de maniquíes hasta llegar a la modelo definitiva. Lo tuvo claro desde el principio, Laura Gómez Fandiño y su melena negra era la persona perfecta para lucir su peinado. Juntas acudieron a Madrid.

Además de ser de ideas claras, a Irene le gusta controlar todos los pormenores. Que nada se escape. Por eso, prestó casi tanta atención al vestuario como al peinado y maquillaje. «El corpiño me lo dejaron y la falda la hice con ayuda de mi madre. Compré tul para darle vuelo, haciéndole también una cola», señala. Exprimió al máximo los pequeños detalles porque es de esas personas que tienen claro que son los que marcan la diferencia. Con el resultado se muestra feliz. «Estoy encantada. Al salir, mucha gente paró a Laura para hacerse fotos con ella», indica.

Más allá del resultado sobresale su ilusión por haber podido dar rienda suelta a su creatividad. «De algún modo, creo que la peluquería es arte», afirma. Habla con entusiasmo: «Te cambia la visión y la perspectiva. Hay varios tipos de peluquería, existe otro mundo detrás del cortar, peinar y teñir». Sabe que si no hay viento, toca remar, y ella intentará orientar las palas hacia el lado más imaginativo de su nuevo camino.

Tras quedarse en paro, decidió darle un giro a su vida y se matriculó en el centro de formación profesional Instituto París de Pontevedra para cursar dos años en uno.

La participación en el evento, que se celebró el pasado sábado en el escenario de la Madrid Fashion Week Cibeles, le llevó a confirmar que «existe otro mundo [el que persigue] detrás del cortar, peinar y teñir».

un peinado llamado «el cisne negro»

Escogió para la gala un recogido que simula un tocado. Utilizó para ello poco más que el pelo de su compañera Laura. Un relleno para dar volumen y una red. Eso es todo. Sin postizos, ni adornos, consiguió darle a El cisne negro la elegancia que perseguía. Para el maquillaje tuvo que improvisar en el último momento. Entre el calor y los focos, la sombra de los ojos que había ensayado una y mil veces, no aguantaba sobre la piel. Con el tiempo calculado, hizo sobre el escenario el final de un trabajo que le llevó tres horas.

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