Un sendero entre calles peatonales y aceras estrechas

El Rosalía de Castro de O Grove inaugurará los caminos seguros con cuatro rutas en las que el mayor problema son las barreras arquitectónicas


o grove / la voz

Cuenta atrás para que se pongan en marcha los caminos escolares que permitirán ir solos a los alumnos del colegio Rosalía de Castro de O Grove gracias a unas señales que indicarán el camino hasta las aulas. A pesar de que todavía no se han establecido estas marcas, se sabe que serán un total de cuatro rutas las que servirán para generar puntos de confluencia a partir de los cuales los pequeños podrá caminar en grupos hacia las dos entradas del centro. Tanto el itinerario que parte desde la Avenida de Portugal como los que hacen lo propio desde Alexandre Bóveda cuentan con amplias zonas peatonales, en las que se gana un plus de seguridad. Habrá que, sin embargo, tener especial cuidado con algunos cruces. «Vienen embalados», indica Virtudes Triñanes. Esta vecina de O Grove recalca la velocidad a la que pasan los coches desde la Avenida de Portugal hacia la calle Conchases. Nada más adentrarse por esta última, la calle da Laxiña lleva directamente hasta Rosalía de Castro, donde se encuentra la entrada principal del colegio. Desde el acceso a la calle peatonal, el trayecto transcurre sin complicaciones.

Al sur del colegio, tres rutas tienen como nexo de unión la calle Alexandre Bóveda. A la que nace desde la céntrica calle de O Grove, se le unen las que parten desde O Corgo y Luís Antonio Mestre, pudiendo desembocar esta última también en Avenida Portugal al unir a ambas calles. La amplitud de las aceras de esta vía que sirve de nexo de unión choca con las que pueden verse en otras de las calles como en alguno de los tramos de Alexandre Bóveda, donde las caminatas en grupo pueden verse complicadas y la presencia de barreras arquitectónicas es habitual. «Los niños en silla de ruedas o con muletas pueden encontrarse con verdaderas dificultades», señala otra vecina. Sin embargo, el verdadero problema para ella son las contrucciones abandonadas de la calles Conchases, que lleva a la entrada trasera del centro.

Desde O Corgo, la mayor parte del trayecto transcurre por una amplia zona peatonal en la que predomina la tranquilidad. Solo rompe con esta tónica la rúa do Regato, de apenas cincuenta metros. A pesar de que los coches pueden transitar por ella, no dispone de aceras para los viandantes. Desde el Concello explican que están poniéndose en contacto con los establecimientos por los que pasarán los alumnos del Rosalía para proponerles que se sumen al proyecto y sirvan de ayuda a todos aquellos que tengan algún problema por el camino. La complicación a la hora de sumar adeptos viene de la mano de la hora de apertura de los locales, solo estando abiertas las cafeterías a la hora de entrada al centro.

Para ganar en seguridad, el día que se les expliquen los caminos también se les entregará una prenda luminosa para que puedan circular a primera hora de la mañana sin el riesgo de no ser vistos. Un grupo de voluntarios les ayudará a cruzar las pocas carreteras generales que hay que atravesar por el camino.

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