Y la «Irmandiña» cruzó el Cantábrico

Una avería en el motor obligó a la dorna grovense, que partió el pasado día 9 de La Baule en Francia, a realizar marcha atrás el tramo entre Finisterre y Corrubedo

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o grove / la voz

Prueba superada, que se decía en un popular concurso de televisión. La Irmandiña, la dorna grovense, es ya la primera embarcación de estas características que ha realizado la mayor travesía en navegación no costera. Y lo ha hecho dejando claro que nada tiene que envidiar a los restantes barcos clásicos que participaron en esta singladura. La regata comenzó el pasado día 9 en La Baule, en Francia. Y remató el pasado domingo, alrededor de las once de la noche, en San Vicente. Allí llegaron sus cuatro tripulantes, Pepe Garrido, Ramón Albert, Antonio Grandío y Óscar Babé, agotados pero tremendamente satisfechos con la experiencia. «Eu repetiría outra vez», aseguró Pepe Garrido, copropietario de la embarcación y dueño de astilleros Garrido. Y eso que el último tramo de la travesía, desde Finisterre hasta Corrubedo, tuvieron que hacerlo marcha atrás. A ello los obligó una avería en el motor y la ausencia de viento.

Han sido unos días duros, pero también muy gratificantes. Garrido lo tiene claro. Tanto, que no duda en apostar por una segunda vez. «A min gustaríamos repetir a experiencia», relata. O incluso que la travesía «fose un pouco máis larga», añade. Este grovense y el resto de la tripulación de la Irmandiña partieron de La Baule, en Francia, el pasado día 9. Su reto era llegar a Sada y recorrer 340 millas náuticas sin tocar costa. Y lo consiguieron superando las mejores expectativas. «Saimos con ventos suaves, que se foron cargando durante o día, e pola noite xa acadamos os vinte nudos», añade. Así que esas primeras 340 millas las recorrieron en, exactamente, en 55 horas. «Foron dous días e sete horas. Fomos moi rápido, a unha media de seis nudos».

Durante todo ese tiempo no abandonaron la embarcación. Y no hay que olvidarse que esta no tenía ni camarotes, ni cocina. «Dormes en durmevela, non profundamente», relata Garrido. Y es que navegaban día y noche, haciendo guardias de tres horas. «Fixemos quendas de tres horas, un ocupábase da caña, outro de retén e os outros dous descasaban», explica. Eran la embarcación más pequeñas de todas las que participaron en esta prueba y también la única que no fue construida para navegar, sino para faenar en el mar. Porque la dorna estaba pensada para pescar, no para realizar travesías como los demás veleros clásicos que participaron en esta peculiar regata. Aún así, añade Garrido, dejó «bastante sorprendidos» al resto de participantes. Y es que considera que si esta fuera una competición, la dorna meca habría conseguido situarse entre los primeros sin duda alguna.

Motor roto

Como todo viaje, este también tuvo sus anécdotas. «Podes dicir que foi a travesía máis larga que unha dorna fixo de cu», bromea Garrido. Porque si la primera parte de la navegación transcurrió con total normalidad, en la segunda sobraron los problemas. Primero, porque el viento desapareció en cuanto llegaron a las costas gallegas. Y apareció la niebla, lo que complicó más la navegación. Y, en segundo lugar, porque frente a la costa de Camariñas se les averió el motor. «Ata Fisterra conseguimos chegar a vela, pero navegando moi lento case non avanzábamos», añade Garrido. Fue entonces cuando se dieron cuenta de que el motor solo funcionaba marcha atrás. «Así que decidimos darlle a volta á dorna e navegar marcha atrás» cuenta. De esta forma consiguieron llegar hasta Corrubedo, donde una embarcación se acercó a buscarlos.

En el Club Náutico de San Vicente fueron recibidos con todos los honores estos cuatro tripulantes, junto con los otros catorce barcos franceses que participaron en la regata. Todos competirán el próximo fin de semana en la Illas Atlánticas.

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