Una carretera que se convierte en una travesía urbana

El vial se transforma cuando llega a esta parroquia de Meaño e incorpora semáforos, pasos de peatones y hasta medianas


Meaño / La Voz

La PO-550 es una de las grandes vías de comunicación de esta comarca y, sin duda, una de las más utilizadas. Según el último informe de aforos de la Xunta de Galicia, por este vial transitan a diario una media de 8.765 vehículos. Cantidad que en verano se incrementa hasta superar los diez mil turismos, pues es este también uno de los principales accesos utilizados para ir a las playas del vecino municipio de O Grove. Y aunque esta comenzó siendo una carretera comarcal, poco a poco los vecinos han ido instalándose en sus márgenes y buena parte de su recorrido ha perdido ya esa configuración de simple vía de comunicación. A ambos lados hay casas, servicios y hasta todo un pueblo. Sucede esto cuando el vial atraviesa la parroquia de Dena, en Meaño. Pasos de peatones, glorietas y semáforos permiten advertir al conductor que debe pisar el freno. Ya no está en una simple carretera. Aquí hay mucha actividad alrededor.

La vía que atraviesa Dena fue reformulada recientemente con un objetivo claro: mejorar la seguridad vial. El pasado año, la Xunta acometió una mejora buscando que los vehículos redujesen la velocidad y se aliviase la situación en varios cruces, que se habían vuelto peligrosos por ser muy utilizados por los vecinos. La renovación incluyó la construcción de una serie de medianas, para evitar que se pueda invadir el carril contrario. Y de una polémica rotonda, que en principio no gustaba demasiado a los vecinos.

A medida que uno se va a adentrando en el casco urbano de Dena, la PO-550 comienza a parecerse más a una calle. Las aceras, construidas a ambos márgenes, ganan amplitud. Se nota que estos espacios no han sido construidos todos al mismo tiempo, pues el color y la forma de las baldosas varía a lo largo de todo el recorrido. Aparecen los pasos de peatones, que no figuran en el resto del vial cuando no tiene casco urbano alrededor. Y también el primer semáforo. Es este uno de los responsables de que en verano se formen pequeños atascos, sobre todo, en horas punta como el regreso de las playas de O Grove.

Pasado este tramo, el vial se comporta ya como cualquier calle. Hay coches estacionados a ambos márgenes y terrazas que ocupan parte de las aceras. Es ya una travesía, aunque siguen presentes las medianas para evitar que se pueda invadir el carril contrario. Y aparece entonces otro cruce complicado, el que da acceso a la plaza de abastos de la localidad. El paso de peatones se mezcla aquí con un cruce muy concurrido, que cuenta con su propio carril de incorporación. Un semáforo en ámbar permanente advierte de la necesidad de reducir la velocidad.

Pasado este tramo desaparecen las aceras, por lo menos en uno de los márgenes. Y la PO-550 comienza a recuperar su configuración de carretera. Sucede esto cuando se llega a la rotonda de Viliquín. Una infraestructura que fue muy criticada pero que ahora reparte a la perfección el tráfico en esta intersección.

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