vilagarcía / la voz

Los romanos tenían al rey Neptuno y los griegos a Poseidón, los escandinavos a Kraken y los hindúes a Makara. Y Vilaxoán tiene a los Mariño, una familia de nobles vinculada a los seres mitológicos del mar, estrechamente relacionados con los mitos y las leyendas gallegas.

El apellido de quienes fueron dueños del pazo de Sobrán hunde sus raíces, de hecho, en la nómina de seres fabulosos que se pasean por Galicia. Como recuerda Víctor Vaqueiro en su Guía da Galiza máxica, ya el cardenal Jerónimo del Hoyo se hacía eco en el siglo XVII de la presencia en los alrededores de A Coruña de «certos peixes semellantes a homes, agás no feito de teren mans e pés lixeiramente tortos por culpa da natación que practican arreo. Estes exemplares, a quen chaman homes mariños, posúen nas súas costas finas e pretas espiñas que semellan pelos, e deles din os mareantes que a súa presenza nas augas é sinal de boa pesca, alén de seren amigos dos humanos, que acostuman darlle pan». Entre el mito y la ficción se sitúan testimonios de marineros que aseguran haberlos visto en el mar, tratando de subir a sus barcos o huyendo ante la presencia de los humanos.

Para entroncar esta serie de leyendas con la comarca es necesario retroceder al siglo XV, cuando aparecen las primeras referencias históricas de la existencia del pazo de Sobrán, en Vilaxoán, una fortaleza que fue propiedad, entre otros, de Paio Gómez de Soutomaior, Suero Gómez de Soutomaior y Xoán Mariño de Soutomaior, donde aparece el apellido que da origen a la leyenda.

De la historia del pazo, de la saga de los Mariño y de la relación de Vilaxoán con las sirenas y los seres fabulosos del mar sabe mucho Teo Cardalda, que constata cómo tanto en los escudos nobiliarios del pazo de Sobrán como en la heráldica del de O Rial, relacionado también con los Mariño, aparecen las sirenas y el mar, algo que todavía se puede descubrir en sus paredes, aunque mucho mejor conservado el de O Rial que el de Sobrán.

Teo Cardalda se hace eco de una hermosa historia recogida ya por Torquemada en el siglo XVI que relaciona a la villa arousana no solo con los seres mitológicos del mar sino también con un personaje de leyenda de la categoría de Roldán, el joven emparentado con el rey Carlomagno que dio origen al más famoso de los romances épicos medievales, La chanson de Roland.

Como no hay pueblo orgulloso de sí mismo que no aspire a codearse con los grandes mitos, y el de Vilaxoán lo es, a lo largo de los siglos se fue tejiendo una preciosa historia que coloca a Roldán, herido de guerra, recuperándose de la batalla en la isla de Sálvora. «Unha mañanciña paseaba a cabalo pola praia -relata Cardalda- cando ao lonxe avistou como o corpo dunha muller deitado na praia. Ao chegar preto dela viu que se trataba dunha serea cun corpo de muller de rostro fermoso, peitos emerxentes e unha esvelta cintura, rematando cunha relucente cola de peixe».

El héroe de Roncesvalles quedó prendado de su hermosura y no pudo evitar tomarla en brazos y hacer el amor con ella. Cuando le preguntó su nombre, la sirena no pudo responder. Su amante era muda, por lo que Roldán decidió bautizarla y le puso el nombre de Mariña, por haber llegado del mar.

El amor de la pareja hizo de la sirena mujer, que fue despojándose de sus escamas a la vez que colmaba la felicidad del héroe cuando ella se quedó embarazada y dio a luz un hermoso hijo «de ollos azuis como a súa nai e forte como o seu pai».

La familia duró lo que duró la vida de Roldán, que murió en la batalla de Roncesvalles. Entonces la sirena volvió al mar, pero antes lanzó una advertencia: Cada generación que la descendencia de su hijo pariese, debía renunciar a uno de sus retoños y entregárselo a ella al mar. Por supuesto, el niño debía tener los ojos azules.

De lo implantada que está la leyenda en las Rías Baixas da fe la escultura de la sirena que recibe a los navegantes en la isla de Sálvora, que lleva la siguiente inscripción: «La sirena de Sálvora tuvo amores con un caballero romano naufragado en la isla. Nació un niño que se llamó Mariño...». La escultura, que tanto recuerda a la de Copenhague, data de 1968 y es obra del artista burgalés Ismael Ortega Martín, que la realizó por encargo de Joaquín Otero-Goyanes, marqués de Revilla y descendiente de los primeros propietarios de la isla.

Hay otras versiones, como la que da el nombre de Froilaz al caballero que se enamoró de Mariña y que consiguió que la muda sirena pudiese hablar cuando le arrebató de sus brazos al hermoso hijo de ojos azules y simuló que lo echaba al fuego. La sirena, entonces, gritó.

Quienes todavía llevan ese apellido se sienten orgullosos descendientes del caballero francés y de la sirena, tal y como se puede leer en el blog Navegante del mar de papel, donde una escritora de Arcade, de apellido Mariño, reproduce la leyenda y se reconoce identificada con la figura de Ariel, la sirenita de la película de Walt Disney. Desde que la vio de pequeña, dice, se siente sirena.

Y es que si ya es difícil ponerle puertas al campo, ¿quién se las pone al mar? ¿Y quién a la imaginación que se deja llevar por cantos de sirena?

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Los ojos azules del hijo de la sirena