Rastreando los orígenes familiares en Pontecesures

Las redes sociales ayudan a una argentina residente en Brasil a encontrar pistas sobre el lugar en el que nació su abuelo

U. lópez
vilagarcía, padrón / la voz

«Soy María Alejandra Castro, nieta de Manuel Castro Cajaraville, nacido el 24 de enero de 1900». Podría ser el comienzo de una novela, pero es el comienzo de un viaje. El que emprendió hace unos meses, a través de las redes sociales, una argentina afincada en Brasil. Una mujer empeñada en encontrar a orillas del Ulla un puente hacia su pasado, unos lazos de sangre borrados por el paso del tiempo.

«Yo fui la única de la familia que guardó el documento de identidad de mi abuelo, y con él empecé a buscar información por Internet», señala. En Padrón encontró «a un señor que tenía los dos apellidos» de su antepasado, y ni corta ni perezosa contactó con él. «Me dijo que preguntara en el registro de Valga». A partir de ahí, María Alejandra fue tejiendo una red de investigadores y colaboradores de la que forma parte hasta el concejal Roque Araújo. Él fue el encargado de rastrear las pocas pistas existentes en el Concello de Valga. Allí obtuvo toda la información disponible.

Esta ha venido a aderezar lo que María Alejandra ya sabía. Lo que se había contado en su casa sobre un abuelo al que ella no conoció, ya que murió unos meses antes de su nacimiento. La verdad, no era mucho. En su casa «se hablaba más de Rosalía» que de la familia. De hecho, cuando ella era pequeña pensaba que esa mujer de nombre sonoro «era un familiar que vivía en España, solo de grande supe que era poeta».

Pero de su abuelo algo sabía. Que había llegado a Argentina siendo un niño. «Mi abuelo y sus padres vivieron en Cesures, en la calle La Toja. Mi abuelo, al quedar huérfano de muy niño, cuando tenía ocho años se fue solo en barco y así viajó a Buenos Aires, donde vivía su hermana Isolina». También tenía una hermana menor, María Mercedes, de la que María Alejandra Castro no sabía nada. En Buenos Aires, Manuel se estableció y se casó con una mujer de ascendencia italiana. «Él era muy inteligente, armaba radios más rápido que nadie en la ciudad y le gustaba pilotar avionetas. Adoraba el mar y andar en bicicleta», cuenta de su antepasado.

Proyectos de futuro

Ahora que ha encontrado pistas sobre sus orígenes, esta mujer no parece dispuesta a arrojar la toalla. «Seguramente encontraré familia de sangre, aunque ya tengo una hermosa familia de corazón en esa región», dice en referencia a toda la ayuda y a todos los amigos que ha ido ganando en Internet. Tan bien la han hecho sentir los cesureños con los que ha contactado, que en estos momentos esta empresaria está pensando en volar a Galicia y «abrir una empresa en Pontecesures». «Todos me dicen que es un sitio pequeño, pero es allí donde deseo comenzar junto a las personas más cercanas a mi familia». Parece que el viaje de María Alejandra no ha hecho más que empezar.

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