El premio a diez mil pliegues por vestido


Cambados/ La Voz

Si con 29 años y un par de pasarelas en la Fashion Week de Madrid (antigua Cibeles) Eva Soto ha conseguido vestir nada más y nada menos que a la diva Lady Gaga, qué no le deparará el futuro. Su sueño es «tener una marca propia que se conozca en todo el mundo», y esa marca tendrá que llevar su segundo apellido: «Conde». Es que en España ya hay otra Eva Soto que también se dedica a la moda pero la cambadesa no ha tenido por ahora ningún problema para diferenciar su producto. Sus vestidos tienen un sello tan personal que los convierte en únicos. La utilización del arte japonés del Origami y «las construcciones arquitectónicas» en organdí suizo son tan exclusivas que no hay parangón en el actual escenario internacional.

Eva Soto utiliza muy poco la aguja y el dedal. Lo suyo es plegar y plegar y pegar y atar de manera que en sus prendas apenas hay costuras. «En una falda de mi última colección tuve que hacer diez mil dobleces y eso requiere mucho tiempo y mucha delicadeza». Pero no solo eso. Eva Soto trata también sus tejidos, de manera que los tiñe ella misma y los almidona, trabajo al que hay que sumar el patronaje y la búsqueda de materias primas.

Mejor, sin reloj

¿Cuántas horas puede invertir en una prenda? Imposible de calcular, explica. Insistimos. «En uno de mis vestidos en el que tuve que emplear 30 metros de tejido trabajé dos meses durante todo el día», lo cual da una idea de la laboriosidad de sus propuestas. Por eso no rechinan los oídos al oírla hablar de «arte».

Eva Soto empezó su carrera por la puerta grande, la de la alta costura, pero no descarta dar el salto al pret a porter. «Ahora estoy intentando hacerme un hueco en la fabricación en serie, pero no descarto nada», explica. La prudencia manda y es que sería aventurado cerrarse puertas cuando su carrera no ha hecho más que empezar. De momento, sus diseños solo se pueden encontrar en una boutique de Albacete, la de Lola Muñoz, que decidió arriesgar con este nuevo talento llegado de Galicia.

En el 2011 acabó definitivamente su formación -es licenciada en Bellas Artes, realizó un grado de diseño de moda y un máster en profesorado- y un año después ya estaba presentando una colección en la pasarela más importante del país, la de Madrid. Sus vestidos de pliegues en tonalidades verdes no dejaron indiferente a nadie y en septiembre del 2013 volvió a la misma plataforma con una colección en tonos rosas y rojos. Esta vez le tocó la lotería. No tardó en recibir un correo electrónico desde Nueva York pidiéndole trece de sus diseños para Lady Gaga. Fue un sueño hecho realidad. Pero Eva Soto había comprometido ya su colección con un fotógrafo, de modo que se permitió el lujo de enviarle solo tres prendas. Si la cantante quiere seguir vistiendo Eva Soto tendrá que esperar a la colección del 2015.

La diseñadora empezará a trabajar en sus nuevos patrones en un par de meses y, a partir de ese momento apenas le quedará tiempo para nada más. «Cuando empiezo una colección no puedo hacer otra cosa». De momento, está inmersa en revistas de moda y aprovecha para echarle una mano a sus padres en la pastelería que tienen en Cambados. No le caen los anillos. «Lo hago porque me gusta», explica. Y es que desde muy niña, entre harina y azúcar, se empapó del espíritu artesano que ahora inspira su moda, robando tiempo para dibujar modelitos. Lo de diseñar lo lleva tanto en la sangre que ni siquiera le hizo falta ir a una academia o taller para aprender a coser. «Cuando se caía un botón, lo cogía y lo cosía». No fue hasta que llegó a la facultad cuando se puso delante de una máquina de coser, y a partir de ahí fue un no parar. Y lo que le queda.

la diseñadora Eva SOTO triunfa en el mundo de la moda desde su taller de Cambados

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