El tren que Carril regaló a Vilagarcía

La primera línea de ferrocarril gallega fue el impulso definitivo para la vieja Arealonga

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El rey en la estación. El rey Alfonso XIII, en una de sus visitas a Vilagarcía, se dejó fotografiar en la antigua estación de Carril.

Vilagarcía / La Voz

La primera línea de tren en España se inauguró en el año 1848, y cubría la distancia entre Barcelona y Mataró. Diez años después, las clases influyentes gallegas se plantearon la necesidad de traer a Galicia la vía férrea, y se barajaron varias opciones. Venció la de Santiago a Carril, por varios motivos; dos muy importantes para la cuestión que nos ocupa. El primero, que entre los promotores del proyecto estaba la Sociedad de Amigos del País, presidida por Montero Ríos y formada por empresarios de Santiago que ya tenían estrechos lazos tanto comerciales como personales con Carril. El segundo, la importancia que estaba adquiriendo el puerto carrilexo, donde a mediados del siglo XIX se movían 22 vapores al mes. Carril se apuntaba así una victoria. Poco sospechaban entonces sus autoridades y habitantes que, en realidad, le estaban brindado a Vilagarcía no solo el tren, sino el impulso definitivo para convertirla en ciudad.

Fue en el año 1861 cuando empezaron las obras, que no finalizaron hasta 1873. La línea se inauguró el 15 de septiembre a bombo y platillo. Un globo se lanzó desde el cielo y los hombres poderosos de entonces tuvieron a bien repartir mil libras de pan entre los pobres. Era entonces alcalde de Carril Salvador Buhígas Prat.

The West o Debés

La gestión del primer ferrocarril gallego, que unía la localidad compostelana de Cornes, en el Concello de Conxo, con la de Carril -curiosamente hoy ni Conxo ni Carril tienen ayuntamiento propio- corrió a cargo de la pomposa compañía Ferro-Carril Compostelano de la Infanta Doña Isabel, pero por distintos problemas, mayoritariamente de índole económica, posteriormente quedó en manos de la compañía inglesa The West Galicia Railway Company, regentada por John Trulock, abuelo de Camilo José Cela. Demasiado complicado el nombre incluso para un pueblo acostumbrado a codearse con los ingleses, de ahí que acabara triunfando el apodo de la Debés.

Urbanización de la zona

Construida la línea férrea, quedaba la cuestión de la ubicación de la estación. Primero se pensó en levantarla en Carril mismo, en A Rosa, para que estuviese cerca del puerto, pero luego se optó por unos terrenos más cómodos y llanos en la antigua avenida de Martínez, es decir, a medio camino entre Carril y Vilagarcía. Los carrilexos no fueron conscientes entonces de lo que estaban haciendo. Le estaban regalando el tren a Vilagarcía. De hecho, esa calle, que popularmente tomó el nombre de Avenida de la Estación, fue poco a poco urbanizándose y acercando Vilagarcía y su puerto a la estación de tren. En 1908, muy cerca ya de la fusión de los tres concellos, Carril sí se dio cuenta del error: «¡Fatalidad para Carril que la estación no se hubiese enclavado en La Rosa!», recogían las actas municipales. Pero ya era tarde.

Era pues inevitable que Vilagarcía, que no paraba de crecer, no tardase en pedir una estación propia. Sobre todo a raíz de la ampliación de la línea férrea hasta Pontevedra en el año 1899 y su posterior enlace con la red nacional a través de Redondela. A petición de la corporación municipal, en el año 1890, el Gobierno ordena a The West la construcción de una nueva estación en Vilagarcía, pero John Trulock recurrió y finalmente dicha orden llegó revocada. El gobierno local echó entonces mano de sus amigos más pudientes y a través del marqués de Aranda y del entonces ministro de Fomento Augusto González Besada se retoma el proyecto, con sanción incluida a The West. Aún así, la nueva estación no se construiría hasta 1956.

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