Qué hacer con los niños tras el cole


Vilagarcía / La Voz

Los tiempos en los que se podía dejar a los hijos jugando en la calle, sin temor a que les pasase nada más allá de que llegaran a casa marcados por una mala caída, han quedado atrás. Quizá en las aldeas todavía sea posible ver a grupos de niños dándole al balón en un camino o haciendo comiditas para las muñecas echando mano de piedras y hierbas. Pero esta estampa se queda ya casi exclusivamente para los archivos en blanco y negro o para los álbumes que ya empezaban a coger color de aquellos años de Cuéntame.

Hoy, el ocio infantil se concentra en casas de cultura, pabellones de deportes, colegios y academias particulares, y no siempre es para pasárselo bien. Sea por falta de espacios sin coches, por falta de tiempo o por ese afán de que «mi niño» sepa de todo y cuanto antes mejor, los padres optan por las actividades extraescolares como la mejor solución para ocupar el tiempo que les queda libre a sus hijos tras el colegio.

Lo mejor y lo peor

La oferta de actividades es cada vez más amplia y variada gracias a la iniciativa pública y privada. Pero, ¿esto es bueno o es malo? La pregunta, formulada en estos términos, no tiene una respuesta redonda y es que la cuestión está llena de matices. «Depende de la cantidad, de la calidad y de las preferencias del niño», según explica la psicóloga infantil, Jésica Rodríguez Czaplicki, que ejerce en Vilagarcía. «Una actividad no tiene por qué ser una guardería. A veces se les satura de actividades, que muchas veces son académicas. Lo más importante para un niño es jugar», añade esta experta en la materia.

¿Dónde poner el límite?, ¿dos, tres, cuatro actividades a la semana? «La que no sature al niño ni le genere estrés. A veces nos encontramos con niños que no tienen ni tiempo para comer», señala.

Los padres deben aprender a conciliar sus intereses con los del hijo, que no siempre coinciden, de modo que no hay por qué empeñarse en que aprenda violín si las apetencias del chaval van por el fútbol o por el baile, según la recomendación que hace esta profesional. Jésica Rodríguez apunta a otra figura importante a la hora de buscar la tan deseada conciliación laboral y familiar: los abuelos, «que son unos fabulosos educadores».

El papel de las ANPA

El mundo de las actividades extraescolares tampoco se queda al margen de la crisis económica. Esta afecta en la medida de que los padre buscan opciones más baratas para ocupar el tiempo de sus hijos o, simplemente, prescinden de ellas con el fin de ahorrar. En algunos concellos todavía tienen la suerte de contar con actividades gratuitas, especialmente para los escolares de edades más tempranas, pero cada vez son menos. Y las actividades que organizan las asociaciones de padres ?que juegan un papel clave a la hora de diseñar el mapa de actividades extraescolares? tienen que financiarse a través de cuotas, de modo que los padres deben desembolsar una media de entre diez y quince euros por una hora a la semana de clase de baile, de pintura o de gimnasia.

Otra de las consecuencias de la crisis es que, al haber más personas en paro, también crece el número de padres con más tiempo libre y que, por tanto, no necesitan un servicio de canguro. Son ellos los que se quedan en casa y quienes les ayudan a hacer los deberes. La parte positiva es la satisfacción de ver crecer a tu hijo.

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