El juego de oposiciones Vázquez Fouz-Giráldez, Pose-Gago y Serén-Reirís no le hace ningún favor al proyecto socialista
01 jul 2012 . Actualizado a las 06:52 h.La verdad es que, a estas alturas y con la final de la Eurocopa encima, recurrir al manido paralelismo futbolístico se antoja cansino. Incluso poco elegante. Sin embargo, la simplicidad en la exposición acostumbra a mejorar la comprensión. Así que allá vamos. Digamos que, pese a las diferencias que los separan, los dos sectores en que se articula el PSOE de Vilagarcía padecen un mal común. Ambos funcionan como un equipo al que le fallan los resultados.
Con lo ocurrido el viernes, la corriente oficialista consolida su claro dominio en la capital arousana. La brecha abierta, 41 votos, duplica la que le dio la victoria hace cuatro años, apenas 22. Las 97 papeletas cosechadas otorgan al equipo de Miro Serén el respaldo del 63,4% de los 153 afiliados que ejercieron su derecho, frente al 36,6% restante que se decantaron por la candidatura de Mon Reirís. Una ventaja sustancial, incluso si se analiza con respecto al número total de militantes, que en Vilagarcía se establece en 224 personas. El 32% de los socialistas con carné no acudieron a la cita de la calle Castelao, pero aun introduciéndolos en el cómputo se observa que los oficialistas concentran el voto del 43% de la militancia mientras los críticos se deben contentar con un 25%.
Si los resultados electorales hubiesen acompañado al PSOE en las últimas citas con las urnas, el debate en la capital arousana se habría agotado hace tiempo. Y la corriente alternativa, diluido sin mayores argumentos que las antipatías personales entre algunos de los miembros de uno y otro bando. Pero no ha sido así. Todo lo contrario. El puño y la rosa lleva engatilladas tres derrotas consecutivas -autonómicas, municipales y generales- en la ciudad, cuya consecuencia más lacerante es, sin duda, la pérdida del gobierno local. Es de esta fuente de la que bebe un sector alternativo al que, aunque a la baja, favorece el contexto general de gresca en el que está instalado el socialismo gallego.
Pero, claro, tampoco los críticos pueden echar ninguna campana al vuelo, puesto que también a ellos les traicionan los resultados. Y lo hacen en un nivel previo y fundamental, como es el del seno interno de su propia formación. Sin ganar en casa es difícil plantear el partido fuera, por muchos éxitos electorales que durante largo tiempo redondeasen algunos de sus primeros espadas, con Javier Gago como referencia indiscutible.
A este peculiar maremágnum se le suman los diferentes niveles que juegan en este tipo de procesos y que convierten al PSOE de Vilagarcía en una especie de despliegue hegeliano que, incapaz de culminar en una síntesis adecuada, se repite una y otra vez en sucesivas encarnaciones. Tal vez sin pretenderlo, los dos sectores del puño y la rosa han hecho de la asamblea una suerte de triple oposición entre Vázquez Fouz y Seso Giráldez, Modesto Pose y Javier Gago, Miro Serén y Mon Reirís. Esta es la imagen real que se observa desde el exterior, de ahí que la sensación de división sea mayor de lo que objetivamente establece el resultado de la votación del viernes. Los oficialistas disponen de un amplio e incontestable respaldo entre la militancia, pero el peso simbólico de los referentes críticos ahonda en esa impresión de que algo importante no acaba de ir bien por ahí dentro después de todo.
Esta parece la tarea a la que ambos bandos deberían aplicarse si es que quieren plantar cara en las urnas al PP. Unos, buscando la forma de atraer a la minoría hacia un proyecto que sume fuerzas. Otros, asumiendo que la mayoría de la militancia, soberana al fin y al cabo, mira hacia otra parte y contribuyendo al objetivo común. Gustará más o menos, pero es lo que hay.