«Bosco», el can que desatasca sumideros en Vilagarcía

Tiene ocho años. Y es un rotwailer que habita junto a sus propietarios en el barrio de Trabanca-Badiña.


Aunque la vigencia de la memoria colectiva acostumbra a adolecer de un corto recorrido, en el caso de Vilagarcía pocos serán quienes hayan olvidado las catastróficas inundaciones de las que pronto se cumplirán cinco años. Al alimón con los incendios que tres meses antes habían devastado las cumbres del Xiabre y el monte Lobeira, las arrolladoras precipitaciones que cayeron sobre la capital arousana contribuyeron a arrastrar todo tipo de leños, matorrales y tierra. Su matérica presencia fue suficiente para atascar cuantas canalizaciones y sumideros no lo estaban ya por la falta de un examen a conciencia. Que se lo digan a los comerciantes y hosteleros de la calle Conde Vallellano, que el año pasado por estas fechas pudieron comprobar cómo en el interior de varios tragantes se amontonaban vasos de plástico procedentes de la Festa da Auga del agosto anterior. Las cosas, en fin, hubiesen sido mucho más sencillas de contar los vecinos de la noble villa con más perros como Bosco.

Habilidad canina contra el descuido

Bosco» tiene ocho años. Es un rotwailer que habita junto a sus propietarios en el barrio de Trabanca-Badiña. Hace algunas semanas, su dueño se dedicaba a remover con un palo la hojarasca que se iba acumulando sobre un sumidero, de esos que deben estar limpios en lo posible cuando las lluvias hacen su aparición. El hombre comprobó con sorpresa cómo, ante su gesto, Bosco se lanzaba al ataque y, pezuña en ristre, le ganaba la mano en el dificultoso arte de despejar la red de pluviales de obstáculos. Ahora, cada vez que sus vecinos otean nubes plomizas en el horizonte, acuden a su casa y solicitan a su dueño la intercesión del fantástico can. Más de uno se habrá acordado ayer de él, con la que estaba cayendo.

Navegando, lluvia en popa a toda vela

Claro que no todo fueron malos rollos. Pasando de paraguas, abrigos y otras tristezas de invernía, los aficionados al windsurf aprovecharon lo que para otros eran calamidades para navegar a gusto por la ría. Lo hicieron en A Illa, pero también en muchos otros puntos del orbe arousano.

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