De la finca de A Boulla al puerto

El proyecto de instalar la nueva sede en el puerto deportivo resuelve un período de ocho años en los que la entidad ha tenido que vivir un auténtico calvario burocrático


Corría el año 2001 cuando en el Liceo-Casino de Vilagarcía se decía que tendrían una nueva sede. Desde entonces hasta ahora ha pasado mucho tiempo y muchas cosas, pero parece que, al fin, esa promesa cristalizará. Y lo hará, en parte, durante el presente 2009.

El nuevo puerto deportivo vilagarciano, concretamente en las dársenas 2 y 3, albergará el complejo que dé cabida a las necesidades infraestructurales y sociales de la institución. Pero para llegar a ese estadio de evolución se han tenido que ir superando muchas y muy distintas pruebas.

De las tres sedes que se le atribuyen al Liceo-Casino (la de Xoán XXIII, la de la calle Castelao y la del Club de Mar), la que ejerce como bandera y lugar de referencia es la del centro de la ciudad, en las inmediaciones de la plaza de Galicia. Sin embargo, no siempre fue así. El Liceo se fusionaba en el 2001 con el Casino y al año siguiente absorbía al Club de Mar. Nacía un «gigante» social, cultural y deportivo que necesitaba expandirse con un edificio acorde con sus metas.

Las hemerotecas reflejan que en los primeros compases del 2002, la sede de Xoán XXIII se vendía y posteriormente se recalificaba por considerarse un bien de servicio público. El Liceo-Casino buscaba entonces otro lugar para trasladar a sus socios. Hoy en día, el contrato de compra-venta entre la entidad y la firma Coinasa sigue sin elevarse a público a la espera de los trámites burocráticos que siguen retrasando la licencia de construcción, ya que el permiso de demolición del edificio, que sigue en pie, ha sido ya concedido.

Fue entonces cuando todas las miradas se fijaron en la finca de A Boulla, enmarcada en los montes de Trabanca-Sardiñeira. Los 18.000 metros cuadrados que presentaba eran ideales para el traslado de la sede, aunque como recuerda Álvaro Paz, el actual presidente del Liceo-Casino, «siempre tuvimos un ojo puesto en el puerto». El proyecto de A Boulla convencía y se formalizó la compra de esa extensión de terreno.

El proceso se pone en marcha -con revisión del Plan General incluida- hasta que avanzado el año 2005 se culmina. Se ejecuta la adquisición de los terrenos y se encarga la redacción del proyecto de la nueva sede mediante concurso. Cuando ya todo parecía encarrilado -en 2007- se solicita la licencia al Concello y en ese período de espera, la ansiada confirmación es eclipsada y abortada por la comunicación del alcalde Javier Gago de que una modificación del trazado del AVE atravesaba la antedicha finca. La conmoción agranda la noticia, que ya de por sí echaba por tierra todo el proyecto. La lectura que se extrae es la del frenazo en seco de las aspiraciones del club aunque con el paso del tiempo, y ahora que se ha resuelto favorablemente, se puede sobreentender que esa expropiación concede un poderío económico considerable para la institución social.

Reorientación

Llegados a este punto, cuando la directiva se quedaba sin demasiadas salidas factibles, se conciencian de que tierra adentro no proliferaban terrenos de la superficie, el precio y la ubicación perseguidos. Por lo tanto se hace necesario reorientar las miras y fijarse en el puerto. Allí ya existía una pequeña sede de la entidad, con lo que el hábito y el terreno eran ampliamente conocidos.

La solución aparece cuando en febrero del 2008 salen a concurso las dársenas 2 y 3 del puerto, además de haber expirado una concesión de Astillero Vilagarcía, que abrían un horizonte tan nuevo como esperanzador. Antes de esta ventana hacia el progreso se había probado suerte en el Cavadelo, una zona copada por empresas de concesión naval que no ofrecía demasiadas opciones para comercializar sus terrenos.

Así las cosas, el Liceo-Casino opta por apostar fuerte en ese concurso, marcadamente enfocado a empresas del sector náutico. Encarga un proyecto a una empresa de ingeniería que se perfila como un socio y se conforma una UTE (Unión Temporal de Empresas) que lleva por nombre Liceo-Casino-Incat. Esta fusión sale victoriosa del envite administrativo y se hace con el proyecto del que será el segundo puerto deportivo de la ciudad vilagarciana.

Las normas exigen que desde el momento del otorgamiento de la licencia habrá un plazo de 28 meses para la completa ejecución del proyecto. Eso explica que la fase inaugural, en la que se pondrán a la venta las primeras 159 plazas de amarre de este puerto, se haga realidad durante este mismo año.

Un ambicioso escenario

Sin duda, los cambios suelen ser a mejor. Las divisiones culturales, deportivas y de ocio de las que presume el Liceo-Casino cuentan los días para poder realizar el ansiado traslado. La nueva sede contará con gimnasio, spa, piscina, pista de pádel, pabellón multiusos, salones sociales y restaurante. Todo ello para sostener la oferta de actividades del club (vela, piragüismo, baloncesto, atletismo, tenis de mesa, pesca submarina, coral, senderismo, baile, certámenes, etc) en una asociación que cuenta actualmente con 1.300 socios compromisarios. Además del cambio de sede, el otro gran objetivo es que la ciudadanía identifique al club como referente de todas las edades.

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