La lección más sabrosa del curso


Cuando oigo a un niño gimotear ante un plato de marisco, no puedo dejar de sorprenderme. ¿Cómo es posible que haya un paladar tan poco formado como para que no le apetezca saborear unas almejas, unas zamburiñas o unas vieiras? Pero lo cierto es que hay muchos chavales a los que los manjares del mar no le dicen gran cosa. No parece ser el caso de los alumnos del colegio de Castrelo, que ayer recibieron la visita del cocinero del Parador, Antonio García Boo, y varias componentes de Guimatur y que dieron buena cuenta de los manjares que les prepararon.

Este grupo de cocina a domicilio -en este caso comida a colegio- pretendía iniciar a los chavales en el mundo de los olores y los sabores de los productos del mar. En concreto, de los productos de O Sarrido, donde faenan las mariscadoras cambadesas. Y el objetivo se cumplió sobradamente. Porque, aunque no pasaba de las diez de la mañana cuando los fogones comenzaron a echar humo, los jóvenes gourmets dieron buena cuenta del menú. Ese sí que fue un auténtico desayuno con diamantes -del mar-.

Los niños del colegio de Castrelo no fueron los únicos que ayer se salieron de la rutina. Por la tarde, en el centro de A Merced se desarrolló un taller sobre los derechos humanos que, entre las cuatro y las seis de la tarde, ayudó a todos los participantes a acercarse de una forma divertida y lúdica a una materia que debería ser básica: el respeto a los derechos que todos los seres humanos compartimos. Puzzles, y cuentos sirvieron para demostrar que las letras importantes no necesitan de sangre.

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La lección más sabrosa del curso