ENTRE LÍNEAS | O |

01 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

LO PEOR de las riadas no fue la desolación, no fue todo lo que se perdió, no fueron los dos mil coches anegados, los aparcamientos subterráneos arrasados e inutilizados. Eso fue malo, muy malo. Pero ni siquiera a mí, que me he quedado sin mi coche y que he tenido que rascarme el bolsillo para reparar el de mi mujer me molesta eso tanto como que ahora es imposible aparcar en Vilagarcía. Muchos de los garajes siguen cerrados y eso significa que hay muchos más coches buscando estacionamiento en esas calles del centro en las que antes de las inundaciones ya había que sudar tinta para encontrar sitio. Para colmo, hace unos días que se han empezado las obras en algunas de las calles cercanas al río de O Con. Eso significa que hay vías cortadas y otras levantadas, con lo que se han eliminado más zonas de aparcamiento, aunque sea provisionalmente. El caso es que últimamente no paro de dar vueltas y vueltas sin éxito. Claro que se podría pensar que de aquellos barros, los de ignorar los problemas de tráfico, nos vienen estos lodos. Y nunca mejor dicho.