Atropellos

AROUSA

ENTRE LÍNEAS | O |

25 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

CADA VEZ que oigo o veo una ambulancia me sobresalto. Imagino que ha pasado algo que me afecta doblemente. De un lado, es trabajo que atender. De otro, me estremezco sólo de pensar que haya un accidente grave. Normalmente, se trata de accidente de tráfico y muchas veces de un atropello. La avenida Rosalía de Castro es el mayor punto negro, el lugar más peligroso para los peatones. Esta semana ha habido varios sucesos que corroboran que hace falta tomar medidas para atajar ciertos desmanes de conductores imprudentes. Por esa calle, como es más bien recta, hay quien circula a toda velocidad y que incluso adelanta indebidamente. Sin pensar que en las inmediaciones hay cientos de viviendas, comercios y un instituto. Las señales que limitan la velocidad a 50 kilómetros por hora no son suficientes. Hacen falta medidas drásticas. Pasos de cebra elevados, de esos que o frenas o te destrozas los amortiguadores, más vigilancia policial y radares. Puede que incluso un radar fijo. Lamentablemente, los conductores sólo entendemos la mano dura.